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Lo superficial, la cultura y el sistema de libre mercado PDF Imprimir E-mail
Blog - Política y actualidad
Escrito por FulgencioRobledero   
Miércoles, 11 de Noviembre de 2009 00:00

    Una de las críticas más usuales al actual sistema político hegemónico es que potencia la superficialidad y el consumo innecesario. Observando los medios de propaganda capitalistas no podemos menos que constatar que es cierto que las actuales pautas de consumo obedecen a motivaciones cada vez más superficiales: un snack para comer entre comidas, una crema hidratante para después de la ducha, un condón con sabor a frambuesa... Es evidente que muchos productos anunciados por los medios de masa no son de primera necesidad.
    Sin embargo, si analizamos al resto de culturas, especialmente a las llamadas primitivas, observamos el mismo hecho: lo superficial ocupa una enorme fuerza de trabajo e interés psicológico de las tribus, de tal que manera que pinturas, adornos, danzas, ritos, juegos, consumo de drogas, etc. podemos decir que existen en casi todas las culturas. Al preguntarnos si estas actividades son necesarias para la supervivencia estrictamente biológica de la tribu debemos responder que no.
    Comida, cobijo y posibilidad de reproducción son los elementos imprescindibles de todo grupo humano. Pero estos elementos permiten la supervivencia biológica del hombre, no su vida cultural. Los elementos básicos para la supervivencia biológica son la condición de posibilidad de la cultura, pero no la cultura misma. La cultura empieza cuando el acto natural de recoger o cazar es ritualizado, el hombre construye un mundo simbólico que crea necesidades simbólicas pero que por sí mismo no le va a proveer objetivamente de los recursos para su supervivencia biológica, aún cuando debamos admitir que el universo simbólico facilite la obtención de recursos vitales al ritualizar pautas adaptativamente útiles.
    El excedente, lo superfluo crea la cultura y en tanto que el hombre es un animal cultural, lo superfluo construye al hombre.
    Una vez instituido y refrendado por la cultura, lo superficial acaba transformándose en necesario o, incluso, en imprescindible, llegándose a olvidar el carácter culturas de esa necesidad.
    El problema del capitalismo no es, por lo tanto, lo superficial, ya que ello es lo que construye a todas las culturas, sino más bien el hecho de que el capitalismo haya asociado lo superficial con lo efímero en la construcción de roles sociales. Toda sociedad reparte una serie de cartas que son los roles posibles; simplificando, en la edad media, por ejemplo, existían los roles de noble, clero, campesino, artesano y mercader. Nadie puede construir su identidad en una sociedad más allá de los roles que esta sociedad propone, porque situarse “fuera de la sociedad” es ya situarse en contra de los roles propuestos, es decir, situarse en contraste con los roles propuestos, como mera antítesis que reflejaría invertidos los roles hegemónicos. El capitalismo, obviamente, también propone roles, sobre todo a través de la TV, pero su particularidad es que ha hecho de la creación y el reforzamiento de los roles una autentica industria que mueve su sistema de producción e incentiva un consumo incesante, ya que el reforzamiento de los roles puede implementarse hasta el infinito.
    Viajes, gafas de sol, coches, ropa, música o libros, definen al consumidor: no es lo mismo viajar a Cuba que a Cancún, un viaje refuerza un rol y otro otro. El consumo de productos alimenticios, incluso, refuerza los roles. La música que se escucha, los diarios que se leen, la televisión que se ve, o los libros que se compran ayudan al hombre actual a construir su identidad social que está construida, precisamente, bajo la necesidad de un continuo apuntalamiento, la necesidad de un continuo reforzamiento en el consumo.
    Toda cultura se construye sobre lo superfluo, pero el capitalismo ha desplazado las necesidades básicas (hoy tecnológicamente cubiertas en los países ricos) y ha convertido el mercado superficial de reforzamiento de roles en el motor de la economía. Mientras que otrora uno nacía noble o plebeyo, amo o esclavo, en el capitalismo liberal el rol social se adquiere en el mercado de bienes de consumo efímeros. La consecuencia es evidente: un radical debilitamiento de la personalidad y de las estructuras del yo, toda vez que nuestro rol social, sea cual sea, se asienta en bases movedizas determinadas por las necesidades del mercado.

 

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Las ONGs como organizaciones reaccionarias PDF Imprimir E-mail
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Blog - Política y actualidad
Escrito por FulgencioRobledero   
Viernes, 06 de Noviembre de 2009 00:00

    Sospecha de toda unanimidad. Este debería ser el lema de cualquier persona comprometida con la lucha social. Sin embargo, hoy como en el siglo XIX o hace 2000 años seguimos asumiendo dogmas incontrovertibles y estigmatizando a aquellos que no quieren tragar con ellos. Uno de los dogmas más al uso es el de la bondad radical de las ONGs; si los perroflautas y sus majestades los reyes de ESPAÑA coinciden en algo es que las ONGs son buenas.
    Sin embargo, desde una perspectiva puramente marxista las ONGs encargadas de paliar la pobreza y el sufrimiento generado por ella son organizaciones reaccionarias. Todos conocemos la estampa de las mesas petitorias en donde señoras marquesas o damas de pro recogían dinero para construir un orfanato, auxiliar a mineros enfermos o para mil y una causa “humanitaria”. Creo que todos captamos el cinismo de la estampa: precisamente aquellos que propiciaban las circunstancias socioeconómicas que llevaban a millones de personas a la indigencia, organizaban veladas o actos benéficos para paliar esa misma indigencia. Si trasponemos esa imagen a la actualidad, las damas y prohombres de las mesas petitorias se transforman en los chicos con rastas que te piden por el centro de la ciudad que te afilies a la ACNUR. Los proletarios de ayer son los pobres negritos de hoy. La clase que genera la pobreza pretendiendo paliarla con actos benéficos.
    Ya Marx, como dije, mostró que estos actos lo único que consiguen es postergar el estallido revolucionario. Si un obrero no puede alimentar a su familia ¿qué le importaría luchas hasta la muerte si es preciso por un salario? Sin embargo, si las damas y prohombres le proporcionan bolsas de alimentos, la motivación revolucionaria queda atenuada por el acto benéfico y por la dependencia moral y material del obrero con respecto a sus propios explotadores. No creo que cueste mucho extrapolar este caso a la ayuda al tercer mundo de la que hacen gala muchas ONGs.
    Las ONGs, por otro lado, actúan en las sociedades de consumo como creadoras y reforzadoras de roles superficiales. Si hay un maremoto y los medios de propaganda nos bombardean con el desastre, ONGs se encargarán de canalizar ese sentimentalismo y proporcionar un sentimiento superficial de cohesión social. Determinadas ONGs se orientan a determinadas espectros de población, por ejemplo, perroflautas en Greenpeace y pijos en Cáritas, por lo que contribuyen a la creación capitalista de roles sociales vacíos de connotación ideológica. Al mismo tiempo, la “cuota” de la ONG funciona como un objeto de consumo más, como podría ser la letra del coche o de los muebles de IKEA. Usando estrategias de mercado consumistas e implementando pautas de consumo liberales (se consume “buenrollismo” y “ser solidario”) se intenta, irónicamente, luchar contra los efectos del liberalismo.
    Mucho se ha hablado ya de como las ONGs al luchar de modo disperso contra las consecuencias del actual sistema de producción, atomiza el discurso político y lo neutraliza. Unas ONGs luchan contra la violencia de género, otras contra la desaparición del escarabajo rubí, otra diferente contra los huérfanos de Gambia y otra más contra la explotación infantil en los Andes. La causa de estos hechos lamentables ¿no es la megalópolis capitalista? ¿no es la ideología de consumo compulsivo? Sin embargo, las ONGs al intentar atajar síntomas dispersos de las contradicciones del capitalismo, potencian una visión distorsionada y desideologizada del problema. En este sentido, como en muchos otros, favorecen los intereses del sistema de producción hegemónico.
    Su Santidad, presidentes, reyes, banqueros y empresarios apoyan, financian y alientan este tipo de organizaciones. ¿No sería razón para sospechar de ellas que se financien en su mayoría con dinero gubernamental? ¿Qué significa NO gubernamental cuando son sostenidas y alentadas por gobiernos, cuando, en ocasiones, son meros instrumentos de unos gobiernos contra otros?
    Se suele decir que mejor que darle a un pobre un pescado es darle una caña de pescar. Es hora de llegar más lejos, porque si los peces que pescas te los va a arrebatar el jefecillo de turno y el río en el que pescas lo va a contaminar la empresa colonialista de rigor, quizás sea mejor darle al indigente las herramientas para defender su trabajo y su medio, quizás sea mejor entregar junto la caña un kalashnikov... pero seguro que si las ONGs actuásen así ya no recibirían ni subvenciones públicas ni el favor de Doña Sofía. Es decir, si actuasen así sería revolucionarias.

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Última actualización el Viernes, 06 de Noviembre de 2009 07:58
 
La insurrección que viene PDF Imprimir E-mail
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Blog - Libros
Escrito por FulgencioRobledero   
Domingo, 01 de Noviembre de 2009 00:00

    En junio de 2009 la editorial Melusina ha traducido y publicado el opúsculo “La insurrección que viene” cuyos autores conservan el anonimato bajo la rúbrica de “El Comité invisible”. La obra ha provocado algún escándalo en Francia y se ha convertido en una obra de reflexión más que de referencia para los “antis” europeos. La obra realiza un análisis social que si bien no es original, está expresado en un lenguaje diáfano y seductor.
    El Comité Invisible parte de la obvia constatación del control policial sobre el entorno. La calle se ha convertido paulatinamente en el coto privado de caza de los maderos. Las reuniones cívicas son acotadas en recintos a tal efecto, los jóvenes son encerrados en botellodromos o multados por estar bebiendo en la calle, el patio de vecinos es un arcaísmo del pasado. El sistema productivo aniquilando los espacios comunitarios de vida y trabajo no pretende crear trabajadores sino consumidores de productos superfluos y caducos; otros método para debilitar al yo y a las relaciones sociales es la propaganda y la imposición de ritmos de vida acelerados. En este clima de consumo compulsivo la distinción campo-ciudad se ha destruido, los “parajes vírgenes” son parques naturales y funcionan como enormes parques públicos de la metrópolis planetaria. La extensión de esta metrópolis a todo el mundo es la guerra que hoy vivimos. Las luchas de África o de Irak, los golpes y contragolpes de estado en Latinoamérica, no son más que escaramuzas de una guerra de ocupación del entorno. De explotación y capitalización de toda comunidad, de todo paraje.
    Frente a esta depredación del entorno el capitalismo parece estar reaccionando con el ecologismo, pero esto no es así. La revolución ecológica es pronosticada por algunos como un punto de inflexión del capitalismo. El Comité Invisible declara que es todo lo contrario: la industria “verde” es otra estratagema del capitalismo para generar necesidades y productos de consumo, esta vez ecológicos. Las mismas empresas que esquilmaron y deterioraron el medio, ahora construyen la industria que supuestamente arreglará sus estropicios: ¿nadie capta el cinismo de esta actitud? El medioambientalismo no es una posibilidad de lucha contra la depredación capitalista sino su última metamorfosis.
    Para acallar toda crítica, el sistema de producción propone la debilitación de la certeza. La verdad tuya es aceptada siempre que la sostengas con un tono de inseguridad, tu verdad es tu verdad y la mía solo mía. Este relativismo es fruto del aniquilamiento del yo social. Verdad es un motivo de lucha, un objeto de fe que se construye en el combate y en la interacción social. En el mundo del mercado lo novísimo es lo que vale y la última idea es la buena. Frente al dogmatismo provocador y el relativismo industrial, esta obra propone la reconstrucción del concepto de verdad como voluntad colectiva, como deseo de convivencia común.
    En coherencia de lo anterior, el Comité Invisible propone como alternativa a la sociedad actual el comunismo. Comunismo entendido etimológicamente como “vivir en comuna”: círculos, sindicatos, asociaciones u organismo son remedos impotentes de la comuna. Frías caricaturas que pretenden el imposible de vivir intelectualmente y luchar en común, pero sin vivir en común. La creación de la comuna y la construcción de nexos, de vías de contactos y de interconexiones, es el paso previo para generar el humus del que nacerá la insurrección que viene.
    La comuna se caracteriza por su desprecio a las relaciones mercantiles, el dinero que necesita se obtendrá con subsidios, becas, estafas a seguros, etc. pero principalmente las necesidades deberán ser cubiertas con la autogestión. La vida común de la comuna la convierte en un organismo con voluntad propia y verdad común.
    Los métodos de lucha son claros: la metrópolis es una red de núcleos interconectados, atacando las infraestructuras que comunican los nudos de la metrópolis la haremos inviable. Cierre de autopistas, puertos y aeropuertos, provocará la caída del sistema. El ataque debe extenderse, evidentemente, a las líneas de comunicación y de distribución de energía, que son en principio más frágiles de lo que parecen. Atacar los núcleos de la metrópolis es inviable, es como intentar romper una rama por un nudo, pero esos núcleos caerán por su propio peso cuando la energía que los sustenta no llegue a ellos.
    La propuesta de esta obra tiene una virtud que pocas obras contemporáneas tienen: escandaliza. Lejos del buenrollismo progre, es una obra original y atrevida, cuyos principios son inasumibles por los poderes del sacrosanto Estado. Solo por eso merece ser leída. El desprecio de este libro al individuo, que queda supeditado fuertemente a lo social (comuna), aleja la obra de mi órbita ideológica, aunque en el análisis del capitalismo y en los métodos de acción propuestos me reconozco plenamente.

     La insurrección que viene en formato PDF

     Link a referencia de la obra de la editorial melusina

     Otra reseña del libro

sé feliz

 
Cuatro definiciones del bien y del mal PDF Imprimir E-mail
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Artículos - Ética
Escrito por FulgencioRobledero   
Martes, 27 de Octubre de 2009 00:00
    Aunque en nuestra vida cotidiana usemos las palabras bien y mal, bueno y malo, etc. con ligereza, en la reflexión filosófica occidental determinar el referente al que señala estas palabras ha sido objeto de eternas consideraciones. Un niño es bueno, cuando es sumiso, tranquilo y pasivo; es malo, por contra, cuando alborota; un joven está bueno cuando es sexualmente atrayente; un libro mal escrito es aquel que no dice nada o es aburrido; en el estado español usamos el giro de “tener una cosa mala” para referirnos a padecer un cáncer.
    Bien o bueno, en nuestro lenguaje vulgar, hace referencia a cosas gratas o aceptadas como correctas; la palabra mal se refiere a lo que es indeseable. Sin embargo, desde muy pronto detectamos la ambigüedad de estos conceptos: lo que hoy parece malo, puede resultarme bueno mañana; bien y mal no tienen una estabilidad temporal en nosotros sino que parecen conceptos que se construyen biográficamente. Por si fuera poco, la película que me parece mala, a otra persona le parecerá buena; la acción que evalúo como buena, algún otro puede definirla como perversa. En conclusión, lo bueno y lo malo es variable y, ocasionalmente, llegan a ser conceptos intercambiables.
    No uso la expresión “bien y mal son subjetivos” porque me parece una perogrullada que hoy por hoy saben hasta los niños. Bien y mal como conceptos lingüísticos solo surgen en la interacción del sujeto con lo real, y en tanto que fruto de esa interacción, bien y mal son conceptos del sujeto, es decir, subjetivos. Más que subrayar el valor subjetivo del bien y del mal me gustaría detenerme en la ambigüedad de tales conceptos; ambigüedad que proviene tanto de su variabilidad e intercambiabilidad, como de los múltiples contextos en donde estos vocablos son aplicables.
    Por ejemplo, las frases “el niño ya está bueno”, “este pastel está bueno”, “es un buen libro”, “dar limosnas es bueno” o “hace buen tiempo”, usan la palabra “bueno” con distintos referentes, por lo tanto son palabras iguales que hacen referencia a una realidad significativamente diferente. En la primera frase bueno sería sinónimo de sano, en la segunda de delicioso, en la tercera de interesante, en la cuarta de correcto y en la quinta significaría “soleado”
    Constatando esto, vamos analizar los contextos de usos más habituales de las palabras bueno y malo. Estos contextos de uso que analizaremos se yuxtaponen y se enfrentan en ocasiones. No es mi intención definir qué sea el bien y el mal sino aclarar los usos más frecuentes de esos conceptos. Conocer y asumir que los referentes reales de las palabras bien-mal son múltiples, y suelen estar en conflicto entre sí, nos permitirá comprender los continuos choques sociales fruto de referentes distintos para lo bueno y lo malo, pero también lo complejo que es determinar en lo personal, cuando actuamos bien o mal.
    He encontrado que existen cuatro campos de referencia a los que aludimos cuando usamos los vocablos bueno-malo. Probablemente existirán otros marcos de referencia, o, incluso, alguno de los cuatro puedan ser absorbidos por alguno de los tres restantes. En todo caso, es evidente que el esquema que propongo está abierto a cualquier reelavoración.
    Los cuatro contextos de uso en los que usamos las expresiones  bien-mal son: el bien y el mal como lo agradable y lo desagradable; el bien y el mal como lo beneficioso y lo perjudicial; el bien y el mal como lo permitido y lo prohibido; y el bien y el mal como lo puro y lo sucio.
    La ordenación de estos contextos de referencia no se hace siguiendo ningún orden genético ni de prioridad “ontológica”. Se subrayará en cada sección el sustrato de intersubjetividad-objetividad que podría contener y la relación con los otros contextos de referencia.

    El bien y el mal como lo agradable y lo desagradable:
    Este marco de referencia quizás sea uno de los más primarios. Lo agradable aparece en la mente del niño casi a la par que su propia consciencia. Incluso los animales con sistema nervioso menos complejo tienden instintivamente hacia lo grato (comida, cobijo, satisfacción de los impulsos sexuales...) y evitan lo desagradable; de otro modo la misma supervivencia sería inviable.
    No es necesario decir que en la evolución del individuo este uso de las palabras bueno-mal es el primero. El para el bebe el “niño malo” es aquel que nos daña y nos desagrada. El infante llama “malo” al padre que le riñe, a la piedra que le hace caer o a quien se interpone a la realización de sus deseos. El marco presente tiene un referente biológico profundo, mientras que la etiquetación de este referente biológico y psicológico con los nombre bueno-malo es fruto de un proceso cultura. No obstante es esperable que siendo la estructura biológica de todos los hombres similar, lo bueno-agradable y lo malo-desagradable sean coincidentes entre la mayoría de las personas.
    No hablo aquí de lo bueno-útil, que presupone un mayor desarrollo social y personal del individuo. Lo bueno-útil varía enormemente de una cultura a otra, pero lo bueno-agradable no tanto: la comida, la bebida, el placer, etc. son cosas universalmente gratas y calificadas como buenas.
    Es fácil distinguir lo bueno-agradable de lo bueno-útil porque en numerosas ocasiones entran en conflictos. Para un sujeto puede ser bueno-agradable consumir recursos alimenticios a placer, mientras que para el conjunto social tal comportamiento puede ser perjudicial y catalogado como malo.
    Este conflicto entre lo bueno-agradable y lo bueno-útil es uno de los más importantes. En Occidente, se trata que lo bueno-agradable se imponga cuando el conflicto con lo bueno-útil no se produzca. En este sentido, la libertad sexual es un ejemplo en el que el enfrentamiento entre ambos conceptos-referentes no se produce.
    Lo bueno-agradable es equiparable a la felicidad para la mente infantil, sin embargo, el adulto elabora más la idea de felicidad, asumiendo que lo malo-perjudicial puede ser un mal menor en su economía vital.
    En nuestro Occidente hipersocializado el conflicto entre lo bueno-agradable, lo bueno-útil y lo bueno-normativo suele resolverse por el último concepto-referencia, ya que se sobrentiende que guiarse por lo que a uno le apetece es un síntoma de carácter asocial. Los mismos individuos que actúan bajo lo bueno-agradable se sienten culpables de su comportamiento, llegando a admitir que actúan mal según los parámetros sociales de utilidad o de legalidad. Aún así, como señaló Kant, instintivamente el hombre busca la felicidad y nuestra razón, que buscaría el bien útil o lo normativamente aceptado, es seducida por el instinto para que se incline hacia la búsqueda del placer inmediato.
    El bien-agradable tiene dos facetas fundamentales que son elegidas según el modelo antropológico de cada cual. Como pensaba Nietzsche, para algunos pocos lo afirmativo, la vida en su salvaje flujo, será lo “bueno” y lo elegible; mientras que otras mentalidades más pasivas optarán por considerar agradable la quietud, la ataraxia y el control. El concepto de agradable se desliza, de este modo, entre la siesta (pasividad) y la orgía (actividad), sin ser incompatibles estos dos extremos es evidente que cada cual siente una mayor o menor atracción por uno de ellos.

    El bien y el mal como la útil y lo perjudicial:
    Aunque este contexto de referencia para los vocablos bien-mal puede ser confundido con el anterior, ya he mostrado que la diferencia entre lo útil y lo grato es que el primero es un concepto intelectualmente más desarrollado, mientras que lo agradable se situaba casi en lo fisiológico y lo sensual, lo útil precisa de un cálculo, de una aritmética de pros y contras para construirse.
    Mientras que lo agradable posee un marcado acento individual, lo bueno-útil tiene una doble dimensión individual y social que están en ocasiones en conflicto. El individuo puede considerar “bueno” aparcar en zona prohibida, mientras que la sociedad evalúa ese acto como malo-perjudicial. Como pasaba con lo bueno-agradable, el individuo suele ser consciente de la parcialidad en la que incurre cuando evalúa como bueno un acto individualmente útil pero socialmente perjudicial. No obstante, esta consciencia de parcialidad no es tan fuerte como cuando tratamos de lo bueno-agradable. Es frecuente que las personas nos decantemos por nuestra propia utilidad y racionalicemos nuestra opción con argumentos del tipo: “¿por qué tengo yo que sacrificarme para que...?”.
    Relacionar lo bueno con lo útil es una operación sencilla y que debió de suceder en los albores de la humanidad. Lo bueno-útil, analizado con detenimiento, no es más que la visión a largo plazo de lo bueno-agradable, por lo necesita cierta madurez y reflexión intelectual. Efectivamente, lo útil es aquello que en un plazo de tiempo corto o largo nos proveerá de sensaciones placenteras y gratas. El buen jefe tribal es el que es útil a su tribu y le proporciona caza, protección, guaridas... En las sociedades agrarias con deficit de población tener muchos hijos es bueno; mientras que en las sociedades superpobladas es bueno, precisamente, el control de la natalidad. La calificación de bueno o malo a los anticonceptivos tiene relación, en muchas ocasiones, con las necesidades de incrementar o reducir el número de pobladores en un territorio.
    Lo bueno-útil tiende a fosilizarse en normas sociales y así confundirse con lo bueno-normativo, pero tampoco son ideas isimorficas, ya que precisamente la fosilización de lo bueno-útil en normas sociales puede acarrear que las normas reflejen un concepto de utilidad pertinente en una sociedad desaparecida pero no en la actual. Es, por lo tanto, posible que lo bueno-útil social choque con lo bueno-normativo. Los tabúes alimenticios en una sociedad actual podrían tener sentido en un mundo con recursos y situaciones sanitarias diferentes a las de hoy, pero en la actualidad se comprende la inutilidad de la mayoría de estos tabúes.
    Vemos que existen tres niveles de referencia para lo bueno y lo malo: lo bueno-agradable, lo bueno-útil individual y lo bueno-útil social. Aunque los dos primeros suelen coincidir, los dos últimos entran en conflicto. Esta conflictividad entre las distintas ideas-referencias para lo bueno y lo malo es lo que potencia que la definición del bien y del mal esté en continua redefinición.

    El bien y el mal como lo legal y lo prohibido:
    El tabú o la ley como sistema de definición entre lo bueno y lo malo debería surgir casi tan pronto como las sociedades humanas. Aunque es cierto que el niño carece de ello, en sus primeros años de vida, la idea malo-prohibido se implanta muy pronto en su mente, e incluso el niño en la socialización con sus iguales construye lo prohibido y lo legal equiparándolo con lo malo y lo bueno. Un cuarto o un armario, sin nada particular, se transforma, vía este ejercicio en un lugar prohibido, peligroso y, en último término, malo.
    Aunque muchos pueblos han vivido constreñidos por corsés normativos que frenaron su evolución e, incluso, lo llevaron a la destrucción, es evidente que la construcción de un marco legal es imprescindible tanto por razones antropológicas como sociales para todo conjunto humano.
    El individuo precisa de “las tablas de la ley” para tener un marco de referencia al que aferrarse, saber, más allá de consideraciones subjetivas, donde está el bien y el mal. Es vitalmente inviable estar continuamente decidiendo en donde está lo correcto y lo incorrecto, no es factible que una persona altruista calcule las veinticuatro horas del día qué actos son beneficiosos para el conjunto social y cuales perjudiciales. Esto exigiría una energía y una tensión intelectual enorme. Por lo tanto, necesitamos pautas fijas de conductas para dirimir mecánicamente lo aceptable y lo inaceptable, aunque se admita excepciones a la norma.
    La necesidad social de un marco normativo es evidente. Ningún grupo social puede cohesionarse si carece de un conjunto de patrones comunes mediante los que orientar sus actos.
    Lo normativo, por lo tanto, suele coincidir con lo útil. Harris evidenciaba en su obra Bueno para comer que ningún tabú culinario era ajeno al entorno material: si la religión musulmana prohíbe el consumo de cerdo es por que este animal necesitaba grandes cantidades de agua para criarse, recursos de los que carecía la zona en donde nació el islam. Si en Europa es repugnante comer insectos y en las selvas del Oriente Asiático no, es porque en Europa el tamaño de los insectos impiden que sean una fuente económica de proteínas, mientras que en las selvas citadas sí lo son.
    No obstante lo anterior, no podemos negar que lo bueno-normativo entra, a veces, en conflicto con la bueno-útil social. Muchas personas han muerto de hambre por no romper un tabú alimenticio como el canibalismo.
    El conflicto entre lo normativo y la utilidad social es continuo, y hoy en día lo observamos en Europa en los debates sobre la legislación sobre la eutanasia, el aborto, las drogas, etc., lo que viene a mostrar que lo útil social y lo legal no siempre coinciden, aunque la mayoría de las sociedades intenten conjugarlo en lo posible por razones de supervivencia. Cuando lo bueno-normativo cristaliza y se anquilosa despreciando la utilidad social lleva a los grupos humanos a la autodestrucción, la barbarie y el fanatismo. Los regímenes como Corea del Norte y los grupos teocráticos son ejemplo de ello.
    Lo bueno-normativo entre en conflicto con lo bueno-útil social pero también con lo bueno-útil personal y lo bueno-agradable. De suyo se entiende que lo bueno-normativo tiene un carácter más social que no puede menos que entrar en conflicto con los otros conceptos-referentes de lo bueno citados que tienen un cariz más individualista.
    Pero además, lo bueno-normativo entre en conflicto consigo mismo cuando culturas diferentes entran en contacto. Como lo bueno-normativo se funda en lo bueno-útil social y los contextos culturales difieren entre sí, es inevitable que cuando dos culturas que han construidos sus marcos normativos en contexto de utilidad distintos tendrán marcos normativos distintos. Cuando culturas así entran en contactos, es lógico las diferencias.    Además, lo bueno-normativo también se funda en lo irracional, toda vez que satisface una necesidad innata del hombre, la necesidad de seguridad. Lo bueno- normativo se construye creando pautas de coherencia, racionalidad y roles bastante aleatorias, cuyo único fin es constituir un conjunto de conductas ordenadas y previsibles. Normas como que las mujeres vistan con faldas y los hombres no, que no se puede comer carne los viernes o que el alcohol esté prohibido, son normas que si alguna vez tuvieron utilidad social, en la actualidad la han perdido. Estas normas parecen más orientadas a crear roles y orden que a satisfacer una utilidad social real.
    Asumiendo que lo bueno-normativo varía de unas culturas a otras y constatando que vivimos en un mundo en donde los flujos de migratorios son más intensos que nunca, cabe plantearse como administrar la conflictividad entre los diferentes marcos normativos. Se han escrito innumerables páginas sobre esta cuestión pero me gustaría esbozar las líneas de posible confluencia que, a mi juicio, podrían existir entre los diferentes modos normativos que están obligados a entenderse en el mundo contemporáneo. Lo fundamental para que este conflicto se desdramatizase, sería subordinar lo bueno-normativo a lo bueno-útil social y evitar, en lo posible, mezclar decisiones del ámbito privado con el público. Ya mostré como lo bueno-normativo hundía sus raíces tanto en lo buen-útil social como en el deseo de crear pautas, roles y un entorno predecible. Este deseo de orden frente al caos es constitutivo del hombre y de los animales, al menos de los más complejos, pero a veces degenera en una pulsión neurótica, esclerotizada e irracional. Evitar que lo bueno-normativo en la sociedad multiculturas beba de esta pulsión de orden degenerada e intentar fundar lo bueno-normativo en la utilidad social, permitiría que la conflictividad intercultural se redujese al máximo. Lo complejo es, obviamente, identificar los rasgos irracionales y socialmente perniciosos de los respectivos marcos normativos.
    Otra solución a esta conflictividad es la propuesta por el positivismo jurídico que identifica bueno con legal. Cada individuo tendría que atenerse a los marcos legales de cada país e interiorizarlos como lo realmente bueno. Este relativismo de compartimentos estancos  plantea evidentes dilemas en nuestra sociedad: ¿no es legítimo luchar porque las leyes (buenas en sí según el positivismo ético) sean cambiadas? ¿si la ley de un país, los USA de los años 50, es racista, homófoba o sexista, debo obedecerla ya que es lo bueno-legal? Evidentemente, a pocos autores ha seducido la simplicidad del iuspositivismo.

    El bien y el mal como lo puro y lo impuro:
    Hasta ahora este artículo ha ido presentando los distintos conceptos de bien y mal y sus respectivos contextos de referencia desde una perspectiva bastante racionalista. Hemos analizado las motivaciones más o menos obvias para la construcción del binomio bien-mal. En este último apartado quisiera tratar de como el bien y el mal se construyen también como categorías que nacen en el inconsciente y a través de asociaciones de ideas no lineales; en definitiva, me gustaría constatar que bien y mal son, además de todo lo anterior, categorías simbólicas. Por esta razón he elegido las palabras puro-impuro para denominación este último contexto de uso de las palabras bien y mal; lo puro y lo impuro son las denominaciones más frecuentes que se les da a lo bueno-malo cuando ha sido categorizado simbólicamente.
    Todos reconocemos la fuerza de esta categorización toda vez que los adultos solemos educar a los menores con expresiones como “eso es caca” con las que intentamos asociar a lo malo el, lo impuro y lo sucio. Efectivamente, el niño pronto aprende los objetos y acciones impuras y más tarde construye su propio universo simbólico de lo puro e impuro. El niño en sus primeros años desconoce que los excrementos, cucarachas, animales descuartizados, etc. poseen connotaciones negativas. A todos nos extraña como el niño juega o convive con objetos que en nuestro universo simbólico están cargados de negatividad. Esto vendría a mostrar el carácter social de lo bueno-puro. En este apartado habría que incluir valores estéticos que catalogan como bello-bueno unos objetos, rasgos, sonidos, etc. frente a otros dependiendo de consideraciones sociales de naturaleza simbólica.
    Si bien es cierto que podríamos achacar ciertas conceptualizaciones de lo impuro a razones higiénicas y, por lo tanto, de utilidad; lo cierto es que no todas las conceptualizaciones podrían ser explicadas así. El tabú sobre los excrementos podría explicarse por motivos de lógica higiene y utilidad social, pero otros tabúes como no mirar a una mujer embarazada o no entrar en determinadas zonas del bosque, son difícilmente explicables a través del agrado o la utilidad social real.
    Debemos asumir que como la vida biológica, la vida simbólica sigue sus propios derroteros y dinamismos; es difícilmente predecible y se mueve en todas las direcciones posibles. Frente a la causalidad lineal de la utilidad, el universo simbólico se rige por una linealidad interrumpida, difusa, dialéctica y contradialéctica. Aunque las relaciones entre lo bueno-útil social y lo bueno-puro son evidentes no son suficientes para explicar las conceptualizaciones simbólicas de lo bueno y lo malo. Escapa de mi propósito explicar exhaustivamente como se construyen los conceptos de lo puro y lo impuro o de lo bello y lo feo, aunque el binomio puro-impuro suele tener paralelismos con otras dualidades como: humano-inhumano; yo-el otro; definido-indefinido; cotidiano-extraño; luz-obscuridad; etc.
    Lo bueno-puro rara vez entra en conflicto con lo bueno-legal ya que ambas conceptualizaciones tienen un marcado tinte social y conservador. Lo legal de un pueblo además de recoger lo socialmente útil de una colectividad suele recoger los conceptos de puro-impuro prohibiendo lo tabuado y encomiando explicita o implícitamente lo considerado puro. En algunos pueblos aborígenes lo prohibido y lo impuro simplemente coinciden sin casi distinción.
    Lo bueno-puro sí suele entrar en conflicto con lo bueno-útil en sus dos acepciones o con lo bueno-agradable. Muchos tabúes sexuales son difíciles de cumplir por lo apetecible del acto; otros tabúes alimenticios que podrían haber tenido utilidad en otras épocas suponen un lastre para la pervivencia de algunos colectivos sociales. Ya vimos como este nivel de definición de lo bueno-malo genera conflictos interculturales de difícil resolución ya que se fundamenta en categorías simbólicas no compartidas por todas las culturas y no en motivaciones más o menos comunes a todas las sociedades y las personas como, por ejemplo, la utilidad social.

    Conclusiones:
    He intentado mostrar en este artículo los diferentes contextos de referencia de las palabras bueno-malo. Aunque los cuatro contextos se interrelacionan entre sí con desigual intensidad, es evidente, según el análisis, que son cuatro niveles irreductibles entre sí.
    Bien y mal no solo dependen del individuo o la cultura que los enuncie sino que dependen, en mayor medida, del contexto al que haga referencia el discurso valorativo.
    En la definición del binomio bien-mal no entra solo el conflicto sociedad-individuo o el conflicto intercultural sino la confusión entre los diferentes contextos de referencia. Para un mismo individuo, un acto se puede representar como bueno o como malo según se atenga a un marco de referencia u otro.
    La voluntad de encontrar un marco de referencia universal es loable pero debe de ser consciente de que nunca alcanzará su objetivo plenamente. Quizás en el ámbito de la utilidad-social puedan encontrarse líneas de confluencias entre unas culturas y otras, pero el carácter inalienable que en algunas sociedades tiene el individuo, el carácter de creador de pautas del discurso ético y el fuerte referente simbólico de los conceptos valorativos, hacen imposible, y probablemente indeseable, una conceptualización definitiva y de carácter universal de los conceptos bien y mal.

 
Occidente, un mundo psicológicamente tóxico PDF Imprimir E-mail
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Escrito por FulgencioRobledero   
Jueves, 22 de Octubre de 2009 00:00
     Siempre me ha resultado difícil convencer a la gente de que la misma cultura es uno de los principales culpables de nuestro malestar, pero la tarea parece mucho más fácil desde la publicación del estudio de William Vega en 1998 en Archives of General Psychiatry. Vega, investigador en salud de la Rutgers University, les siguió la pista a varios inmigrantes mejicanos recientes en su intento de integrarse en la sociedad americana. Cuando llegaron a los Estados Unidos, al principio se ajustaron mucho mejor al entorno que los americanos entre los que se habían asentado (tenían la mitad de incidencias de disfunciones psicológicas). Pero conforme se americanizaban, enfermaron cada vez más. Después de trece años de Estados Unidos, sus índices de depresión, ansiedad y problemas con las drogas casi se habían doblado (del 18% al 32%), hasta el punto de llegar a formar parte del índice medio americano[...]
      La conclusión de Vega: “La socialización en la cultura y sociedad americana incrementará la susceptibilidad a los trastornos psiquiátricos.”
    AA.VV.; Todo lo que sabes es mentira; Kalle Lasn “El síndrome de la televisión tóxica” p.56; publicado por Edge Entertainment.


 
    La toxicidad psicológica de nuestra sociedad es como oler mal; nosotros difícilmente podemos darnos cuenta de lo que es obvio para los que están a nuestro alrededor.
    No acostumbro a leer prensa ni ver la tele, pero cuando lo hago no puedo menos que percibir como lo truculento, lo sórdido, el sentimentalismo barato y, en general, la estupidez copan los medios de masa. ¿Nadie se ha preguntado el daño moral que puede sufrir un niño que ve en el telediario la mentira y la corrupción de la clase política? ¿o qué pasa cuando una persona es bombardeada día sí y día también con noticias sobre abusos a menores, asesinatos, genocidios? ¿o qué mentalidad desnaturalizada alimentamos cuando vemos en concursos televisivos que el fin supremo es un coche, una cantidad de dinero o un piso y no la virtud, ni el conocimiento, ni el amor? Cuando voy a casa de alguien con tele me siento un rato a ver y no puedo evitar apartar mis ojos, no por indignación o por desprecio, sino porque acabo sintiendo como si un goteo de mierda cayese sobre mi alma.
    ¿Y los millones de españoles que pasan una media de tres o cuatro horas viendo la televisión? La depresión ¿es una enfermedad o un síntoma? Hoy por hoy, parece que todo el mundo sabe que la salud física es importante, por eso cuidamos lo que comemos y sabemos que es bueno hacer ejercicio, sin embargo, nadie habla de la salud de nuestra mente ni de la “medicina preventiva” o “dieta” que tenemos que llevar para conservarla. Es algo sobre lo que merece la pena pensar un poco.

Sé feliz

Última actualización el Domingo, 06 de Septiembre de 2009 19:00
 
Simple capitalismo PDF Imprimir E-mail
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Escrito por FulgencioRobledero   
Sábado, 17 de Octubre de 2009 00:00

Hay cosas simples y cosas complejas. A veces la simplicidad encubre la evidencia más obvia. Recuerdo el relato de Poe "La carta robada": buscan una carta por toda una casa, piensan que el dueño la ha escondido, pero la carta está sobre el sitio más obvio, sobre el escritorio.

Aristóteles en su política explicó que hay hombres que por naturaleza son esclavos, los griegos no son de ese tipo pero hay griegos esclavos... ¿quiénes son los esclavos por naturaleza y quienes no? Era difícil dirimir el conflicto pero la solución al problema era sencillo: todo hombre es hombre y si se le quita la libertad es solo a través de un acto de violencia. No es tan complejo. Podemos hacerlo complejo y decir que el sistema económico necesita la esclavitud, que siempre ha sido así, que los dioses lo mandan, etc. Pero son solo palabras que intentan ocultar lo evidente: si un hombre es esclavo es porque alguien le quitó su libertad. Simple.

Con el capitalismo pasa otro tanto. Teorizamos sobre crisis cíclicas, sobre el reciclaje de materias, sobre el hecho de que el crecimiento económico hasta el infinito no ha sido contradicho con hechos, etc. Pero las cosas son más simples: la tierra es un planeta con recursos finitos, en ese contexto un crecimiento infinito es, en sí mismo, imposible. Incluso reciclando la materia prima se desgasta, la energía se disipa, los recursos se gastan. En un sistema finito no es posible un crecimiento infinito; las riquezas pueden acumularse pero no pueden crearse ilimitadamente. Hasta ahora el sistema capitalista ha funcionado, es como llenar un globo con agua: "¡Sigue llenándolo que aún no ha explotado!", "¡Sigue!", "¡Más!", "¡Un poco más!", "¡Qué no se rompe, hombre!"... ¡¡PLAS!! y se rompió. Así de simple...

Sé feliz

Última actualización el Domingo, 06 de Septiembre de 2009 19:00
 
La mentira del nacionalismo PDF Imprimir E-mail
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Blog - Política y actualidad
Escrito por FulgencioRobledero   
Lunes, 12 de Octubre de 2009 00:00

Hace unos meses descubrí, vía apezz, un vídeo de Pilar Rahola (nacionalista catalana) discutiendo con un chico (independentista aranes). Rahola quiere que su país, Cataluña, se separe de España, el chico quiere que su país, El valle de Arán, se separe de Cataluña. Lo divertido del vídeo es que la independentista Pilar usa los mismos argumentos contra el muchacho que los españolistas usan contra ella. Desde el nacionalismo español se publicita el vídeo para mostrar el absurdo del nacionalismo catalán, pero esa es una interpretación muy corta de mira. El vídeo muestra que cuando alguien antepone su pertenencia tribal a su pertenencia al conjunto de seres racionales hace el más completo ridículo. Pone en evidencia también lo estupido del nacionalismo: lo que pide para sí se lo niega a otros. Pero es importante subrayar que hablamos de TODOS los nacionalismos, no solo del independentista; y, de hecho, el nacionalismo español, en tanto que es el más fuerte y más hegemónico, es el más estupido y tribal de todos.

Aquí dejo el vídeo que no tiene desperdicio, perdonar la publicidad de un partido, irónicamente, nacionalista español que hay incrustada, no encontré ninguno sin ella.

 

 

sé feliz

Última actualización el Martes, 23 de Junio de 2009 16:38
 
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