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En junio de 2009 la editorial Melusina ha traducido y publicado el opúsculo “La insurrección que viene” cuyos autores conservan el anonimato bajo la rúbrica de “El Comité invisible”. La obra ha provocado algún escándalo en Francia y se ha convertido en una obra de reflexión más que de referencia para los “antis” europeos. La obra realiza un análisis social que si bien no es original, está expresado en un lenguaje diáfano y seductor. El Comité Invisible parte de la obvia constatación del control policial sobre el entorno. La calle se ha convertido paulatinamente en el coto privado de caza de los maderos. Las reuniones cívicas son acotadas en recintos a tal efecto, los jóvenes son encerrados en botellodromos o multados por estar bebiendo en la calle, el patio de vecinos es un arcaísmo del pasado. El sistema productivo aniquilando los espacios comunitarios de vida y trabajo no pretende crear trabajadores sino consumidores de productos superfluos y caducos; otros método para debilitar al yo y a las relaciones sociales es la propaganda y la imposición de ritmos de vida acelerados. En este clima de consumo compulsivo la distinción campo-ciudad se ha destruido, los “parajes vírgenes” son parques naturales y funcionan como enormes parques públicos de la metrópolis planetaria. La extensión de esta metrópolis a todo el mundo es la guerra que hoy vivimos. Las luchas de África o de Irak, los golpes y contragolpes de estado en Latinoamérica, no son más que escaramuzas de una guerra de ocupación del entorno. De explotación y capitalización de toda comunidad, de todo paraje. Frente a esta depredación del entorno el capitalismo parece estar reaccionando con el ecologismo, pero esto no es así. La revolución ecológica es pronosticada por algunos como un punto de inflexión del capitalismo. El Comité Invisible declara que es todo lo contrario: la industria “verde” es otra estratagema del capitalismo para generar necesidades y productos de consumo, esta vez ecológicos. Las mismas empresas que esquilmaron y deterioraron el medio, ahora construyen la industria que supuestamente arreglará sus estropicios: ¿nadie capta el cinismo de esta actitud? El medioambientalismo no es una posibilidad de lucha contra la depredación capitalista sino su última metamorfosis. Para acallar toda crítica, el sistema de producción propone la debilitación de la certeza. La verdad tuya es aceptada siempre que la sostengas con un tono de inseguridad, tu verdad es tu verdad y la mía solo mía. Este relativismo es fruto del aniquilamiento del yo social. Verdad es un motivo de lucha, un objeto de fe que se construye en el combate y en la interacción social. En el mundo del mercado lo novísimo es lo que vale y la última idea es la buena. Frente al dogmatismo provocador y el relativismo industrial, esta obra propone la reconstrucción del concepto de verdad como voluntad colectiva, como deseo de convivencia común. En coherencia de lo anterior, el Comité Invisible propone como alternativa a la sociedad actual el comunismo. Comunismo entendido etimológicamente como “vivir en comuna”: círculos, sindicatos, asociaciones u organismo son remedos impotentes de la comuna. Frías caricaturas que pretenden el imposible de vivir intelectualmente y luchar en común, pero sin vivir en común. La creación de la comuna y la construcción de nexos, de vías de contactos y de interconexiones, es el paso previo para generar el humus del que nacerá la insurrección que viene. La comuna se caracteriza por su desprecio a las relaciones mercantiles, el dinero que necesita se obtendrá con subsidios, becas, estafas a seguros, etc. pero principalmente las necesidades deberán ser cubiertas con la autogestión. La vida común de la comuna la convierte en un organismo con voluntad propia y verdad común. Los métodos de lucha son claros: la metrópolis es una red de núcleos interconectados, atacando las infraestructuras que comunican los nudos de la metrópolis la haremos inviable. Cierre de autopistas, puertos y aeropuertos, provocará la caída del sistema. El ataque debe extenderse, evidentemente, a las líneas de comunicación y de distribución de energía, que son en principio más frágiles de lo que parecen. Atacar los núcleos de la metrópolis es inviable, es como intentar romper una rama por un nudo, pero esos núcleos caerán por su propio peso cuando la energía que los sustenta no llegue a ellos. La propuesta de esta obra tiene una virtud que pocas obras contemporáneas tienen: escandaliza. Lejos del buenrollismo progre, es una obra original y atrevida, cuyos principios son inasumibles por los poderes del sacrosanto Estado. Solo por eso merece ser leída. El desprecio de este libro al individuo, que queda supeditado fuertemente a lo social (comuna), aleja la obra de mi órbita ideológica, aunque en el análisis del capitalismo y en los métodos de acción propuestos me reconozco plenamente. La insurrección que viene en formato PDF Link a referencia de la obra de la editorial melusina Otra reseña del libro sé feliz
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