Home Blog Píldoras de Filosofía El origen de la culpa según F. Nietzsche
El origen de la culpa según F. Nietzsche PDF Imprimir E-mail
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Escrito por FulgencioRobledero   
Lunes, 25 de Mayo de 2009 00:00
    Todos los instintos que no se desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro -esto es lo que yo llamo la interiorización del hombre: únicamente con esto se desarrolla en él lo que más tarde se denomina su “alma”. Todo el mundo interior originariamente delgado, como encerrado entre dos pieles, fue separándose y creciendo, fue adquiriendo profundidad, anchura, altura, en la medida en que el desahogo del hombre hacia fuera fue quedando inhibido. Aquellos terribles bastiones con que la organización estatal se protegía contra los viejos instintos de la libertad -las penas sobre todo cuentan entre tales bastiones- hicieron que todos aquellos instintos del hombre salvaje, libre, vagabundo, diesen vuelta atrás, se volviesen contra el hombre mismo. La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en la agresividad, en el cambio, en la destrucción -todo esto vuelto contra el poseedor de tales instintos: ése es el origen de la “mala conciencia”. El hombre que falto de enemigos y resistencias exteriores, encajonado en una opresora estrechez y regularidad de las costumbres, se desgarraba, se perseguía, se mordía, se roía, se sobresaltaba, se maltrataba  impacientemente a sí mismo, este animal al que se quiere “domesticar” y que se golpea furioso contra los barrotes de su jaula, este ser al que le falta algo, devorado por la nostalgia del desierto, que tuvo que crearse a base de sí mismo una aventura, una cámara de suplicios, una selva insegura y peligrosa -este loco, este prisionero añorante y desesperado fue el inventor de la “mala conciencia”.

Friedrich Nietzsche; La genealogía de la moral; Tratado Segundo, traducción de Ángel Sánchez Pascual.



    En 1887 Nietzsche publicaba la cita de arriba explicando el origen del sentimiento de culpa a través de mecanismos de represión e interiorización. En un origen la culpa era deuda que el infractor pagaba de múltiples maneras (azotes, mutilaciones, esclavitud...), sin embargo con el estado y la necesidad de una vida pacífica “racionalizada” los impulsos vitales del hombre dejan de ser exteriorizados y son reprimidos e interiorizados. Esta fuerza vital, agresividad y energía la vuelve el hombre contra sí mismo y da lugar al sentimiento de culpa que, en último término, no será más que un acto de agresión contra uno mismo.

    Como siempre la idea de Nietzsche es sugerente. Nos invita a analizar como los sentimientos de culpa minan nuestra vitalidad y como estos sentimientos son especialmente intensos en las personas carente de voluntad. Un fuerte sentimiento de culpa suele estar asociado al odio, al resentimiento y a un rígido fanatismo moral que cuando tiene ocasión se impone violentamente. Quizás sea hora que contrapongamos a la culpa, ese sentimiento paralizador y obscuro, el sentido de la responsabilidad que es algo más luminoso, activo, alegre... y humano.

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para entender el origen delos miedos
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para que dejes de ser dogmatico
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Última actualización el Martes, 26 de Mayo de 2009 06:44
 
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