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Confesiones de un andaluz fumador de marihuana ( I ) PDF Imprimir E-mail
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Blog - Reflexiones
Escrito por FulgencioRobledero   
Lunes, 01 de Febrero de 2010 00:00

    Introducción:

    Este artículo abre una serie de textos dedicados a recoger mis experiencias en el consumo de marihuana. Estos textos no pretenden ser una apología de las sustancias psicoactivas ni un alegato en contra de su uso. Las sustancias y técnicas alteradoras de nuestra conciencia ordinaria han acompañado a la humanidad desde sus inicios y todo hace pensar que nos acompañarán hasta nuestro fin. Vivimos bajo una realidad que creemos dada como autoevidente, pero esa realidad no es más que un modo de percibir el mundo, modo creado por la sociedad y por nuestras aptitudes biológicas. Otras realidades conviven con la realidad cotidiana en nuestra mente, a veces negando la cotidianidad y, en otras ocasiones, yuxtaponiéndose a ella. El valor de objetividad de lo real es una mera ficción, un burdo engaño que nuestra limitada conciencia cotidiana nos impone para que nos aferremos a ella, no hay tal objetividad. Inquisidores, psiquiatras y gerifaltes varios se han autoproclamado garantes y defensores de esa objetividad a despecho de las evidencias. Los sueños, los éxtasis y otros estados de conciencia no ordinarios se imponen como realidades autónomas que a veces penetran en nuestra realidad cotidiana para enriquecerla o para destruirla, en algunas ocasiones esas experiencias pasan por nuestra vida sin pena ni gloria, sin dejar rastro apreciable. Esos demonios y ángeles puede que no vivan más allá de nuestro corazón, pero su imperio es tan real como el timbre de la sirena que marca el fin de nuestra jornada laboral o el relámpago que ilumina la oscuridad de la noche. Como un experimento filosófico que pretende ir más allá de la realidad normalizada debe ser entendido esta serie de artículos. Si para el lector resultan ser una invitación al consumo de sustancias psicoactivas o una advertencia en contra de su uso es algo que escapa de mi intención.

    Contexto del consumo:


    Tras doce años sin consumir hachís, en este primer retorno al consumo fumo varias caladas de un primer cigarrillo ligado con marihuana y tabaco y varias caladas más intensas de un segundo cigarrillo liado únicamente con marihuana. La sustancia me es proporcionada por un compañero, desconozco la variedad de la planta y su grado de maduración. La experiencia se realiza inmediatamente después del consumo de una copa generosa de ron con lima. Estoy rodeado de cinco compañeros y tres compañeras. Es media noche y he tomado una copiosa cena. Es sábado 29 de noviembre del 2009.

    Descripción de los efectos alteradores de la conciencia ordinaria:


    Al poco rato de haber dado la última calada al segundo cigarrillo siento una maravillosa sensación en mis hombros. Es mi rebeca y mi camiseta interior que se posan sobre mis hombros como si me acariciasen, mi sentido del tacto parece muy excitado. Aunque hablo de caricia la sensación no tiene nada de sexual, es simplemente que el tacto de mi ropa sobre los hombros adquiere una centralidad casi total sobre el resto de mis sensaciones, y es una sensación muy dulce. Soy plenamente consciente de este cambio en mi percepción y de que es fruto del consumo de la droga. Miro mi mano y al mirarla la percibo como si estuviera viendo una película de tres dimensiones: los trazos están muy definidos sin llegar a ser luminosos. Al mirar mi mano lo que hay tras ella se difumina como fondo. De igual manera que sentía mi tacto concentrando la consciencia en mis hombros, ahora siento mi visión y mi mano como centro total de mi actividad perceptiva. Tras estos primeros efectos pierdo la noción del tiempo.
    Lo siguiente que siento e
s como las conversaciones de mis compañeros se entrelazan como si fuera música, todos hablan a su debido tiempo e incluso cuando las conversaciones se yuxtaponen lo hacen de manera armoniosa y bella. Me siento como si dirigiera una orquesta en donde la charla y la música de Antony & the Johnsons, que he puesto en el equipo, fueran diferentes instrumentos. Evidentemente sé que el ritmo de la charla y el jazz no dependen de mi voluntad pero juego con esa idea y me sobrevienen momentos de euforia que externalizo con risas y carcajadas. Un fenómeno sumamente hermoso es la sensación de que sé lo que va a decir cada contertulio; cuando alguien habla tengo una especie de deja vù continuo, es decir, la sensación de que “yo sabía que esta persona iba a decir esto antes de que lo dijera”, sin embargo esta idea solo cobra forma una vez que la persona ha hablado.
    Las bromas me hacen reír mucho, pero especialmente hermoso es cuando alguien hace reír a la concurrencia y todos ríen a la vez, entonces la música de la conversación se convierte en una auténtica sinfonía efímera.
    Digo algunas incoherencias que a mi me parecen grandes alardes de ingenio. Se ríen de mis incoherencias y yo me río también. Nadie ha fumado tanto como yo del segundo cigarrillo de marihuana, además soy muy sensible a cualquier sustancia psicoactiva; en definitiva, nadie ha llegado a tener un estado tan alterado como el mío. Me preguntan cosas para saber si me encuentro bien, en esos momentos dejo las risas y la introspección y respondo muy serio: “Estoy perfectamente” o frases por el estilo. Sueno convincente y a mi mismo me parezco convincente, con el paso del tiempo dejan de preguntarme. Escribo el nombre de mi chica trazándolo con mi dedo en la mesa desnuda, me da la sensación que todo el mundo conoce su nombre y se percatan de ello, pero sé que no es así. Vocalizo mudamente su nombre dividiéndolo en tres trozos, es un nombre hermosísimo y comprendo que aún en el estado que me encuentro mis sentimientos hacia ella son sinceros. Viéndolo retrospectivamente la sensación que me produce pronunciar su nombre me recuerda a la que describe Navokov al principio de “Lolita” cuando el protagonista deletrea el nombre de su musa “Lo-li-ta”.
    Las anteriores sensaciones auditivas y de vocalización no las puedo ubicar temporalmente, pero creo recordar que muchas de ellas me acompañaron durante buena parte del tiempo que duró los efectos de la marihuana en mi cuerpo. Recuerdo que mis compañeros cambiaron la música del equipo más tarde y cuando fueron a cambiarla yo aún podía percibir estas alteraciones auditivas. Sin embargo, tiendo a pensar que fue en la primera hora u hora y media cuando estos efectos tuvieron una mayor importancia.
    Tras las primeras fumadas dejé de consumir conscientemente. A pesar de mi estado, era plenamente consciente de que estaba bajo los efectos de la droga y de que debía moderarme si no quería la total disolución de mi conciencia. Mis compañeros siguieron fumando cigarrillos con tabaco y poca marihuana, además de beber más alcohol. Yo en la primera hora o media hora renuncié a seguir consumiendo, cuando me pasaban los cigarrillos los rehusaba. Ahora me extraño de mi autocontrol, ya que reía inmoderadamente y me quedaba mirando un punto fijo en cualquier lugar. A esto hay que añadir las alteraciones de la percepción e incluso alucinaciones que narraré más adelante, sin embargo, me propuse mantener la conciencia y controlar el consumo y pasé las dos horas siguientes sin tomar ninguna otra droga. El autocontrol me preocupaba, no quería ser indiscreto o mal educado con los compañeros, creía que podía perder la máscara social totalmente y olvidarme de la más mínima norma de cortesía; por esta razón me propuse controlar mis actos; a pesar de la alteración en la que me encontraba lo conseguí.
    Como ejemplo diré que unos amigos me regalaron unos libros. Ya estaba totalmente sumergido en los efectos de la marihuana. Los libros ya lo había leído y al preguntarme mis compañeros si los había leído les dije, diplomáticamente, que no, que conocía a los autores pero que no recordaba haber leído esos libros en concreto. Aún me extraño de haber sido capaz de dar una respuesta tan pertinente y aún más de recordar que aquellos libros en concreto los había leído. Parecería como si mi capacidad de autocontrol o mi máscara social estuviera debilitada pero que, por otra parte, pudiese hacer uso de ella en el momento en el que la necesitase.
    Me asalta una gran sed pero no me atrevo a levantarme por miedo a caerme. No creo que en esos primeros momentos pudiese mantener la verticalidad. La sed se hace más y más intensa. Siento también que el vómito por el alcohol parece acercarse. Me comprometo en luchar contra la necesidad de vomitar y la sed. Es una lucha titánica pero no me angustia, lo llevo con calma aunque, aunque me preocupa no es algo que domine mi espítitu. Creo que en esos momentos de lucha por mantener el control doy una imagen a los presentes de profunda circunspección por lo que ellos mismos han narrado; estos momentos de ensimismamiento se alternan con estallidos de risa.
    La primera alucinación es mirar al frente a mis compañeros y verlos rodeados de llamas blancas que le llegan al pecho. No siento el calor e incluso a la vista las llamas parecen frías. No me asustan lo más mínimo, son bellas. Mientras estas llamas congeladas les rodean, mis compañeros hablan entre sí con naturalidad. La segunda alucinación es ver a un compañero hablando y de repente se convierte en un torbellino, en ese torbellino se le distingue a él y a un esqueleto. El esqueleto es gris y de un metro de altura, con una cabeza desproporcionadamente grande. Dentro del torbellino parecen bailar. Me resulta una visión perturbadora, como si viese en su futuro o dentro de él, así que aparto la mirada de la visión: es como si bailase con la muerte. Aunque la descripción de las alucinaciones parezca siniestra, ni me aterran ni me desagradan. Hasta lo peor parece enhebrado por la belleza.
    No tuve ningún mal viaje. Jugué con la idea de que iba a morir cuando los efectos de la marihuana pasasen pero no conseguí angustiarme, era una idea expurea proveniente de mi intelecto. La introduje para ver que efecto producía, pero no produjo ninguno, no parecía importarme o sentía esa idea como ajena a mi estado de ánimo.
    Finalmente me levanté sin perder la verticalidad para ir a beber. Bebí y me sentí mucho mejor, la sed era muy fuerte. Oí a alguien decir que estaba bebiendo, entendí que mis compañeros se preocupaban por mi estado. Más tarde volví a levantarme para coger una manzana que comí en la mesa con ellos.
    Casi al final cambiaron la música, me preguntaron sobre un disco que tenía y supe contestar coherentemente sobre él. No estaba totalmente ajeno a lo real.
    En torno a las tres de la mañana la fiesta empezó a acabar, mis compañeros fueron marchándose paulatinamente. Yo seguía bajo los efectos de la marihuana, reía y me quedaba circunspecto intentando solucionar un puzzle de lazos de metal que tengo en mi casa. Aún así pude ser consciente del ruido que algunos hacían y les rogué que se callasen para no molestar a los vecinos. Otro que intentaba jugar con una espada de madera le tuve que recordar que tuviese cuidado con la lámpara. Tenía bastante conciencia del contexto espacial y social en el que me hallaba.
    Una vez se fueron me entró hambre. Fui a la cocina y cogí fruta variada, comí sobre todo algunos plátanos. Me desnudé y me duché sin problemas. Me fui a la cama y me dormí plácidamente entre risas.
    Al día siguiente los efectos de la droga persistían. Reía sin venir a cuento y al leer veía en la forma de construir las frases de la novela una armonía tan abstracta como hermosa. El efecto secundario más duradero fue la sequedad de boca que me acompañó más de una semana.
    En próximas experiencias calibraré la dosis y anotaré la variedad de marihuana para saber cuánto y qué estoy fumando. Intentaré llevar un registro horario exhaustivo para situar las alteraciones de la conciencia en el tiempo.

Sé feliz   

 

Comentarios
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lokato
alice (190.255.210.xxx) 2010-04-02 05:22:39

Hola!, pero q chico tan loco sos. Ademas escribes tus experiencias jajaja, y no
tienes mala memoria??? jaja
Veo que sos muy sencible por lo q describes en tus
efectos, y si fue hachis y despues mas marihuana, con tabaco(esa ultima mezlca
no me gusta mucho) pero te duro muchooo el viaje. Hasta alucinaste, muchos dicen
q la ganjha no te hace alucinar, solo te trankilizas y reflexionas, pero yo
tambien he tenido una q otra experiencia en q tube alucinaciones... Bueno chico
espero seguirte leyendo.. chau y si! se feliz!!
MaziSj (190.176.15.xxx) 2010-05-26 15:11:31

Yo una sola vez aluciné, pero no fue nada del otro mundo, sólo ví a mi
sobrino en la puerta de mi casa, pero fue un flash.

Es exquisita la
descripción que le das.
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Última actualización el Jueves, 21 de Enero de 2010 20:07
 
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