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Contexto del consumo: Son las 19:00 del sábado 16 de enero cuando realizo la primera toma. Estoy algo agitado ante la nueva experiencia con el cannabis. El estómago lo tengo lleno pero no he comido copiosamente. Escucho diversa música durante toda la experiencia: tecnopop, jazz y clásica. La experiencia se prolonga hasta la tarde del domingo con el consumo, en total, de tres cigarrillos de marihuana.
Descripción de los efectos alteradores de la conciencia ordinaria: El primer cigarrillo de marihuana lo monto con una variedad híbrida Ice Kush (maduración alta). La cantidad de marihuana es una cucharilla de postre y media. Cuando he fumado medio cigarrillo me entra ganas de ir a orinar, antes que los efectos hagan presencia voy rápidamente al baño. Cuando vuelvo, a los pocos segundo, empiezan los efectos de la marihuana a manifestarse. El primer efecto es sentir hipersensibilidad en el labio superior. Me tumbo. Erotizo la sensación y me imagino que me está besando una mujer. El primer shock sigue esta línea, siento una especie de erotismo místico: todo lo que toco me parece una mujer, todo lo que pienso me remite a una mujer y tengo la continua sensación de sus labios sobre los míos. No es una experiencia sexual sino erótica. La música es hipnótica y me atraviesa mezclando mi cuerpo con las líneas de la melodía. Al poco se inician las alucinaciones con los ojos cerrados. El motivo principal es que voy por un camino, sonriendo continuamente, no sé a donde me conduce ese camino pero el caminar es una inmensa felicidad. Fuera del camino se agolpan objetos de colores cambiantes y brillantes generalmente asociados a mi niñez. Aunque recuerdo lo anterior, no puedo recordad ningún objeto en concreto excepto un cuaderno celeste de caligrafía. El cuaderno aparece con una peluca con tupé. Así de absurdas son las otras visiones que no recuerdo. Me hacen reír y sentirme feliz. Durante dos o tres horas pierdo la noción del tiempo. Ni se acelera ni se ralentiza, simplemente pasa. Al contrario que la experiencia anterior en donde el cómputo del tiempo se convirtió en motivo de mis pensamientos, esta vez no oigo las campanadas del reloj ni miro la hora. Tampoco escribo nada esta noche en el cuaderno, estoy concentrado en mi dicha. En la visión del camino aparece de fondo unos círculos que llenan toda mi visión; están estáticos pero dentro de ellos hay espirales que se mueven. A través de estos círculos tengo las visiones aunque, a veces, desaparecen totalmente de mi vista; no obstante siento que esos círculos siempre están tras mi visión. En el camino de la visión aparecen letras que conforman un nombre significativo. Esa persona me coge de la mano y va, dando saltitos por ese camino. A veces siento que cuando voy por la senda soy un oso de peluche o un muñequito, en vez de un ser humano. Siento algo de sed pero nunca tanta como las veces anteriores. El hambre canina que me asaltó en otras ocasiones esta vez no se presenta. A las 23:45 fumo un segundo cigarrillo de marihuana con efectos más calmantes que otra cosa. Hasta las 2:00 sigo en la brecha pero creo haberme dormido sobre la 1:00 y despertado intermitentemente. Escucho el Ave María de Schubert y el Lascia ch'io pianga de Haendel como un bucle una y otra vez. Me fascina la música pero estoy muy cansado. Me acuesto a las 2:00 pero por la noche me despierto alguna ocasión. Una paz y felicidad infinita me embargan en mi cama cuando despierto. Vuelvo a dormirme con rapidez. Me despierto temprano y desayuno normal. Tomo café. A las 9:30 me fumo un cigarrillo con tabaco y una media cucharada de postre de Indica Afghani (maduración alta). Este porro es más somático que psicológico pero me permite mantener un mayor control sobre mí. Escribo un dibujo-carta sobre una página del cuaderno; tras esta página escribo estas líneas que podrían ser consideradas un poema pero que carecen de trabazón sintáctica:
mi alma es un anzuelo el zig zag de la noche ilumina mi viaje hacia la montaña de fuego que eres tú armas de sangre sin derramar escudo de escamas de mentiras no busco un pez hambriento ni un faisán helado de miedos atrapar el viento entre tus piernas el sol sale en tus labios cerco de dientes-estrellas fugaz como la noche mujer rueda de brasas apagadas mi corazón sin ti aullido de tu nombre todas mis palabras mujer que la obscuridad clarividente nos encuentre juntos
La sensación general con el tercer porro es de paz. No recuerdo mucho, invierto casi todo el viaje en hacer la carta-dibujo y a consultar el I Ching. En mi consulta al I Ching me sale la figura 56, el Vagabundo. La imagen es: “Sobre la montaña hay fuego: la imagen del vagabundo. Así el nombre es claro y cauteloso en la aplicación de castigos y no arrastra querellas de un lado para otro.” Mientras que el dictamen dice: “El Vagabundo. Mediante la pequeñez, éxito. Al vagabundo le aporta ventura la perseverancia”. Medito sobre estas frases y me llevan a diferentes reflexiones que no recuerdo. Mi memoria se ve afectada y no recuerdo bien como llegan las 14:00. A esa hora como con bastante hambre, intuyo que la Índica me genera más hambre que la Ice Kush, al menos esta vez. Después de comer tomo un cigarrillo de tabaco pero, sorprendentemente, me coloca como si fuera marihuana. Me quedo desconcertado y disfruto de este viaje inesperado. A las 19:00 vuelvo a fumar tabaco y vuelvo a viajar sin marihuana. Estos viajes son más suaves, más sensitivos, y las sensaciones se centran, principalmente, en un disfrute especial con la música y un dulce aturdimiento. A una hora indeterminada del medio día me dormí, un amigo me llamó y pensé que eran las 15:00, mientras que realmente eran las 17:00 pasadas. Toda la noche del domingo la pasé sin consumir, sin embargo seguía algo colgado. Era una sensación de cansada placidez. El lunes los efectos habían desaparecido. sé feliz
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