“Moon” la opera prima de Duncan Jones y ganadora del premio a la mejor película independiente británica del 2009, pasará a convertirse con el paso de los años en un film de culto. Aunque no tenga la radical originalidad de Blade Runner o 2001, esta película de ciencia ficción además de conmovernos logra plantearnos cuestiones radicales sobre la identidad humana, lejos de los efectismos y de los guiones huecos a que nos tiene acostumbrado la ciencia ficción al uso.
Sam Bell es el único minero destinado en un área de extracción de la Luna durante tres años, con la única ayuda de la inteligencia artificial de GERTY, que no puede más que recordarnos al HAL 9000 de “2001. Una odisea en el espacio”, aunque con un toque más humano. Sam evita la soledad diseñando una maqueta de un pueblo, conversando con GERTY y viendo los vídeos enviados por su familia; muy raramente está ocupado en las tareas de mantenimiento del puesto minero.
La película empieza a las pocas semanas de que Sam Bell acabe su misión y pueda volver a la tierra a reencontrarse con su esposa. Sin embargo, las cosas se complican en esas últimas dos semanas: Sam Bell sufre alucinaciones y tiene un accidente en el exterior del que es rescatado por la persona más insospechada.
La sorpresa que a la media hora de película nos espera hace que la visionemos con un interés cada vez mayor. ¿Ocurre realmente lo que Sam Bell está viendo o es un mera alucinación? ¿Puede una máquina sentir compasión por un humano? Si somos lo que recordamos que somos y no podemos estar seguros de nuestros recuerdos ¿quienes somos realmente? Estas y otras preguntas se plantean al ver la película y, sin embargo, lo mejor de ella es que el espectador queda atrapado y conmovido por el trágico destino de Sam Bell hasta el final de su desdichada estancia en la Luna.
Aunque podría parecer que el tema de un minero encerrado en la Luna no da para el desarrollo de un guión de hora y media, Duncan Jones nos muestra lo equivocado de nuestros prejuicios, la película no se hace lenta en ningún momento y cada secuencia tiene un sentido en el desarrollo global de la trama.
Las referencias a películas como Blade Runner son inevitables pero, aún siendo esas referencias innegables, creo que “Moon” tiene entidad y genialidad propios. Como ya dije, esta película correrá un fin trágico, perderse en la inmensa marea de basura cinematográfica que inunda las pantallas para el gran público y convertirse en una joya literaria, una obra de culto para cinéfilos en general y amantes de la ciencia ficción en particular.
Sobre la película de Jim Jarmusch que comento hoy, The Limits of Control, parece que no caben posiciones intermedias; o se leen críticas feroces que la retratan como una obra aburrida con un guión débil, o por contra es calificada como una nueva obra maestra del cineasta estadounidense. Personalmente soy más adicto a la segunda opinión que a la primera, aunque reconozco que es un largometraje que se tiene que ver más de una vez para penetrar en él. La simple reseña de la película es ya un spoiler, porque el argumento no es algo que ocurra, en esta película, independientemente de la mente del observador (¿algunas vez es de otra manera?). Las imágenes del Solitario (único nombre por el que se conoce al personaje interpretado por Isaach De Bankole) en Madrid, Sevilla o Almería y sus extrañas conversaciones recurrentes se suceden mientras vemos la película, pero la clave que de sentido a esa trama debe saber desentrañarla el espectador. El personaje hierático del Solitario abarcaría él solo toda la película pero otros secundarios como Paz de la Huerta (Desnuda), Alex Descas (Criollo) o Youki Kudoh (Moléculas) acompañan con mucha solvencia al personaje principal. La película trata, a mis ojos, de la realización de una tarea: el Solitario recibe al principio del largometraje un encargo que el espectador y el mismo Solitario pueden intuir pero que nunca es explicitado en la conversación entre Isaach de Bankole y sus primeros contactos, Criollo y Francés. Frases reiteradas aparentemente fuera de contexto nos darán la clave del trabajo para el que el Solitario ha sido contratado: “La vida no vale nada”, “El que se tenga por grande que vaya al cementerio, y verá lo que es el mundo”, “La realidad es arbitraria”, etc. Estas frases-haikus serán repetidas por el resto de los personajes en contextos diferentes adquiriendo, en cada ocasión, un matiz, un sentido y una profundidad diferente. Tras su charla con el Criollo y el traductor el Solitario empieza su labor que le llevará por Madrid, Sevilla y Almería; por diferentes bares, el museo Reina Sofía y hasta en un tablao flamenco, el personaje del Solitario irá buscando las claves que le permitirán conocer cual es su objetivo y el camino para llegar a él: usar la imaginación. En este sentido, la película es una obra policíaca, hay un misterio que resolver y auténticas mujeres fatales, pero también una obra de autoconocimiento en la que el Solitario deberá expandir su mente y llegar a comprender el carácter fortuito e imaginario de la realidad. Obra para pocos, apartada del ámbito comercial, no dejará a nadie indiferente, para bien o para mal. La película no puede dejar de ser vista por los que disfruten del cine de Jarmush o con esos juegos de imágenes y de palabras que nos muestran otro mundo más allá del que creemos vivir. Como consejo para quien no haya visto la película diría que hay que tener presente que, como dice el Criollo al personaje interpretado por Isaach de Bankole, “El universo no tiene centro ni bordes, la realidad es arbitraria.”
He visionado la película “Léolo” (1992) del canadiense Jean-Claude Lauzon este fin de semana y aún estoy bajo su impacto. La palabra surrealista en francés quiere decir literalmente “super realista” y es en este sentido como “Léolo” puede ser calificada como película surrealista, en tanto que nos muestra la verdad deformada de nuestras vidas en los ojos de un niño pero con una deformación que desnuda hondas verdades más que ocultarlas.
Léolo es un niño pre adolescente que vive en un ambiente sórdido y amargo de una familia en el que solo la madre parece retener un poco de cordura, aunque no mucho. En un clima gris y desolado Léolo lucha contra la locura a través de la lectura... la lectura, que a tantos nos ha librado de la estupidez de ser hombres del todo serios o del todo sensatos, junto con la escritura son las armas de Léolo contra la barbarie del mundo desnaturalizado que en realidad es el nuestro. A la luz del frigorífico en la noche, oculto de su familia, Léolo escribe:
“No intento recordar las cosas que ocurren en los libros, lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar..."
Todos los que amamos la lectura no como un sistema de huida sino como un modo de vivir entendemos las palabras de Léolo. Como un mantra repite el protagonista “porque sueño no lo estoy”, porque suena Léolo no está loco, no está solo ni desesperado. La lectura, la escritura y su viva imaginación son las puertas hacia un mundo que no es de este pero sin el cual solo queda la nada.
Un lugar importante en la película tiene el amor de Léolo hacia Bianca a tan solo de 5,80 metros y sin embargo infinitamente lejos. No es un mero amor platónico y el deseo del cada vez más adulto Léolo se muestra con cruda ternura, con amarga desesperación. Hasta que poco a poco ese deseo es más fuerte que su fidelidad a lo imposible, su fe en los sueños... Léolo al final de la película se hace mayor y así acaba esta obra poética tan desconocida como impactante. Quizás por eso nos emocione tanto una historia como esta, porque sabemos que todos hemos renunciado a Bianca en algún momento de nuestra vida y ese fue el momento en que dejamos de ser niños y empezamos a ser hombres.
Todo el guión está perlado de frases para recordarlas, sabias y bellas, dejo aquí, a modo de muestras, las últimas palabras de Léolo derrotado por el sentido común:
"Porque sueño no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño. A ti la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar... te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira, que tú misma, me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí, una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad".