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Historia de la Filosofía
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Escrito por FulgencioRobledero
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Jueves, 19 de Marzo de 2009 16:59 |
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El pensamiento de Friedrich Nietzsche refleja la crisis de la filosofía de finales del siglo XIX, crisis de la que nosotros somos en buena medida herederos. Por un lado desde Arthur Schopenhauer la razón como medio de alcanzar el conocimiento e incluso el valor del conocimiento en sí sufría durísimas críticas por parte de los filósofos vitalistas; por otro, la misma filosofía se veía atacada por el positivismo cientificista que consideraba a esta disciplina como un modo de conocimiento vetusto, inútil y que debía ser reemplazado por la ciencia. Recogiendo ambas tradiciones críticas con la filosofía y las visiones heredadas Nietzsche elabora un pensamiento radicalmente innovador y que se pretende antagónico a todo pensar tradicional. DE KANT A SCHOPENHAUER: Immanuel Kant (1724-1804) estableció que conocemos fenómenos pero no hechos en sí. Es decir, que nuestra mente capta la realidad exterior a ella de una manera que no sabemos si se corresponde a lo que existe fuera de ella. El mundo tal y como aparece en nuestra mente es un fenómeno causado por algo externo a la propia mente; este algo es la cosa en sí o noúmeno. En el momento que el hombre capta el noúmeno ya lo capta como fenómeno así que el mundo en sí en algo absolutamente inaccesible al sujeto. Esta constatación kantiana de la imposibilidad de conocer el mundo en sí mismo abre para muchos las puertas al escepticismo que luego se desarrollaría en autores como Nietzsche. Arthur Schopenhauer (1788-1860) igual que Kant consideraba que existen dos mundos: el que conocemos por nuestra mente y el que es en sí. El que conocemos por nuestra mente es una representación del mundo en sí, una mera construcción de nuestra mente que nos permite adaptarnos al entorno; integrando el pensamiento oriental en su filosofía llega a decir que esta “representación” es una mera ilusión que nos oculta el mundo en sí... un simple engaño. Al contrario que Kant, Schopenhauer cree que es posible conocer al mundo en sí. Nosotros mismos como seres que conocemos tenemos una doble perspectiva: conocemos el mundo externo (representación) y nos conocemos a nosotros mismos (mundo en sí). El hombre al pertenecer al mundo es tanto representación como cosa en sí y por lo tanto al dirigir la mirada a nuestro interior podemos descubrir la esencia del mundo reflejada en nosotros. Mi cuerpo es un objeto del mundo (fenómeno) pero al autoconocerme percibo que lo que fundamenta mis actos y mi persona es la voluntad. El querer, el apetecer, el buscar la satisfacción son los modos como mi corporalidad se comunica con mi mente. El mundo en sí se objetiva en mi cuerpo como deseo. Los deseos son múltiples y además imposibles de satisfacer: hambre, sed, dolor, frío, deseo sexual, etc. así que podemos concluir que el mundo en sí es voluntad. De hecho en el mundo natural vemos la voluntad por todas partes: los animales se devoran entre sí, copulan, crían e indefectiblemente mueren. La naturaleza es un enorme y cruel campo de batalla en donde desde el microbio hasta el ser humano están en perpetua batalla por la vida; son meros títeres de la voluntad. La muerte es el fin de todo ser vivo pero la muerte no afecta a la voluntad que es insaciable e infinita: por cada ser muerto millones de seres crecen de sus despojos. Los seres vivos son meras sombras de las llamas de la voluntad. El mundo es sufrimiento ya que por un lado el fin de la voluntad de vivir es vivir para siempre y eso es imposible; y por otro, la voluntad se manifiesta en forma de deseos que o bien son insatisfechos, y generan sufrimiento, o bien son satisfechos y generan nuevos deseos. Por lo tanto, el hombre sabio se aparta del deseo en lo posible y evita ser arrastrado por la voluntad al camino del sufrimiento; el filósofo debe, también, captar el carácter meramente ilusorio de sus construcciones mentales (representación) que le intentan ocultar la horrible realidad del mundo y arrastrarlo al deseo. En este mundo ilusorio y cruel solo cabe la compasión como modo de relacionarse éticamente con los otros. Las otras personas son, como yo, apariciones de la voluntad, espejismos efímeros seducidos por el deseo. El otro es en esencia yo y su sufrimiento es el mismo que el mío. Reconocer la comunión de todos los seres y por extensión de todos los hombres a través de la compasión es el camino del hombre sabio frente al ciego e ignorante egoísmo individualista que ve en el otro a un completo extraño. Nietzsche tomará del pensamiento de Schopenhauer la idea de que el mundo es voluntad de vida, voluntad insaciable, loca e infinita; sin embargo, aún asumiendo el carácter de “lucha perdida” que tiene la vida valorará este deseo de vivir como noble y deseable en sí mismo y criticará la negación del deseo que hace su maestro. La compasión hacia el débil será para Nietzsche una muestra más de la falta de voluntad de vivir de la filosofía de Schopenhauer. EL DARWINISMO SOCIAL: Charles Darwin (1809-1882) había establecido que en la evolución de las especies la supervivencia del más apto jugaba un papel determinante: los animales mejor adaptados al medio sobrevivían mientras que los peor adaptados perecían. De esta manera las especies mejoraba y se adaptaban a los cambios del medio. El darwinismo social fue un movimiento filosófico que fascinado por estas ideas de Darwin trasladó estos conocimientos al estudio de la sociedad humana. Herbert Spencer (1820-1903) creía que el universo evolucionaba desde el caos indiferenciado hasta el orden diferenciado. En las sociedades humanas esto es así también ya que hemos evolucionado desde hordas primitivas en donde la individualidad no existía hasta la actual sociedad liberal-capitalista en donde existe orden social y una clara diferenciación entre individuos. El capitalismo es un sistema en el que gracias a la lucha y colaboración entre individuos se crea la riqueza y el bienestar social aunque como consecuencia colateral y natural algunos elementos débiles queden fuera del sistema. Bajo las premisas del concepto darwinista de “la supervivencia del más apto” Spencer consideraba que la sociedad no debía de ayudar a estos individuos o pueblos débiles ya que solo se conseguiría prolongar la agonía de los menos aptos o alterar el orden natural de las cosas. Nietzsche incluyó en su sistema la certeza darwinista de la dureza de la lucha por la vida y la idea de que solo los más aptos en esta lucha sobreviven; no obstante el filósofo alemán estaba lejos de creer que el capitalismo mercantilista fuera en donde pudiera nacer y crecer su pregonado “superhombre”.
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Historia de la Filosofía
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Escrito por FulgencioRobledero
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Miércoles, 21 de Enero de 2009 19:27 |
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Kant ha sido considerado como el mayor y último filósofo ilustrado. A pesar de las duras críticas y excesos que soportaba la Ilustración el pensamiento del filósofo alemán siguió fiel a los valores ilustrados. LA ILUSTRACIÓN: La Ilustración fue un movimiento intelectual que nació en el siglo XVII en Inglaterra y se desarrolló en la Francia y Alemania del XVIII aunque se extendió por toda Europa. Kant la definiría como la “salida del hombre de su minoría de edad” contrastando esta época con las anteriores en las que el ser humano había renunciado al uso de su razón. Para la Ilustración el hombre es un ser racional y bueno por naturaleza. La razón es el rasgo central del ser humano en detrimento de los sentimientos; la ideología ilustrada no reconoce a la tradición o la autoridad sino que lucha contra los prejuicios y los particularismos nacionales. El concepto ilustrado de humanidad es universal ya que todos los hombres son iguales y libres y esos rasgos son inalienables independientemente de su origen o condición. Además el mal del hombre es accidental y no es un rasgo radical de su naturaleza esto permite al filósofo ilustrado asumir la historia humana como un progresivo perfeccionamiento moral y material. Estas ideas evidencian el optimismo de la Ilustración. Lógicamente los ilustrados, aún siendo algunos de ellos nominalmente cristianos, solían ser críticos con la religión decantándose muchos por posiciones deístas o sencillamente ateas; no obstante, otro elemento definitorio de la Ilustración es su firme defensa de la tolerancia religiosa y de opinión. La ciencia también tiene un papel importante en el pensamiento ilustrado que deposita una confianza casi ciega en la fuerza de la técnica científica para mejorar las condiciones materiales del hombre. A nivel político la Ilustración pasó de promulgar una reforma humanizadora del poder absolutista de los reyes con el “despotismo ilustrado” a defender la revolución contra los poderes establecidos y apoyar a la república sufragista como modo de gobierno mejor (revoluciones norteamericana y francesa). Los excesos revolucionarios fueron un golpe al proyecto ilustrado de fraternidad y libertad entre los hombres: el sueño de la razón produce monstruos. La confianza de Kant en la razón como medio para alcanzar el bien moral, su férrea separación de la razón y de los sentimientos y el papel central de la libertad en todo su pensamiento ético retratan a Kant como un pensador ilustrado. La confianza optimista del alemán en la ciencia y en el progresivo perfeccionamiento moral de los hombres es otro rasgo propio de la Ilustración. Kant a pesar de los excesos de la Ilustración defenderá a ultranza unos valores que veía fuertemente atacados al final de su vida por el Romanticismo incipiente. ROUSSEAU: Rousseau es a la vez que un autor ilustrado un crítico de la Ilustración. Algunos elementos de su pensamiento como su creencia en la bondad natural del hombre son ilustrados pero su desconfianza en el progreso y la razón causas, según el ginegrino, de la degeneración del hombre, lo muestran como un feroz crítico del racionalismo de su época. Para Rousseau el comportamiento del hombre salvaje está definido por dos impulsos: el amor de sí y la piedad. Por el amor de sí el hombre busca su autoconservación y la de su descendencia; la piedad es igualmente un impulso natural, gracias a este sentimiento el hombre siente compasión ante el sufrimiento ajeno y se rebela ante este dolor aunque no sea propio; este sentimiento se observa en muchos otros animales pero cuando el hombre vive en sociedad el amor de sí degenera en amor propio; este impulso busca la superioridad y el reconocimiento de los elementos del cuerpo social y es el origen de los vicios del hombre. El amor propio acalla la piedad con razones a las que seríamos sordos en estado natural; la miseria del pobre dejan de conmover a nuestra piedad cuando la razón nos da argumentos que justifican la indiferencia enmudeciendo los impulsos naturales de la piedad. De aquí viene la frase de Rousseau: “el hombre que medita es un animal degenerado”. La ética de Kant frente a la de Rousseau es radicalmente ilustrada: en donde Rousseau hace una apología de los sentimientosmorales Kant se erige como firme defensor del papel central de la razón en nuestra deliberación ética. EL MATERIALISMO DETERMINISTA ILUSTRADO: Las filosofías materialistas de autores como el barón d´Holbachs (1723-1789) consideraban que todo lo real era material y que no había nada más allá de la materia y su movimiento. Estas filosofías asumían que el mundo estaba organizado por leyes fijas en las que no cabía la libertad humana: el hombre era una máquina biológica que actuaba por leyes biomecánicas fijas e inmutables, todas sus decisiones aparentemente libres no eran más que el final de una larga cadena de causas y efectos. Para d´Holbachs el fin del hombre es buscar su felicidad que en sociedad solo puede hacerse en cooperación con otros hombres; el fin del gobierno es promover la felicidad de los hombres fomentando su cooperación mutua. D´Holbachs es un autor radicalmente ateo y materialista que criticará a la monarquía absolutista, los privilegios hereditarios y la religión como frenos para la felicidad. Más extremo que d´Holbachs fue el marqués de Sade que desde los mismos presupuestos ateos y materialistas propuso la ruptura total con cualquier orden moral. Si el hombre es solo materia y está determinado por la materia no se pueden juzgar sus crímenes como no pueden condenarse los terremotos; los impulsos del asesino y la fuerza del viento son hechos de la naturaleza que obedecen leyes, no hechos susceptibles de evaluación moral. Por otro lado ¿qué hace el asesino sino detener una materia móvil y convertirla en inerte? Lo único que cambia con la muerte es que la materia que somos pasa de la movilidad a la quietud. Somos solo materia, en un charco puede haber los mismos elementos que nos componen ¿por qué consideramos que el hombre posee dignidad y el charco no? ¿simplemente porque el estado de ambas materias es diferente? La dignidad humana no es más que una vana quimera fruto de nuestra soberbia como especie. La filosofía de Kant admitiendo que el hombre es un ser libre no determinado y por lo tanto poseedor de dignidad se opuso fuertemente al materialismo ilustrado.
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Historia de la Filosofía
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Escrito por FulgencioRobledero
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Viernes, 02 de Enero de 2009 20:54 |
La sabiduría griega, según Giorgio Colli en su obra “El nacimiento de la filosofía” se asocia a la tarea del oráculo de Delfos. Aún hoy la expresión “es un oráculo” hace referencia a este origen de la sabiduría. La interpretación común de lo que era el oráculo de Delfos nos dice que era algo así como un centro de adivinación y de actividad política o religiosa. Esta interpretación es parcial ya que recoge algo de lo que realmente representaba el oráculo pero no todo. La Pitonisa, en un estado alterado de conciencia, emitía gritos y frases inconexas que era interpretados por ciertos sacerdotes que asistían a la celebración del oráculo. Los dictados de las pitonisas no eran del tipo “Sí, ve y ataca ese país” o “Para salvar la ciudad del ataque de los persas debes construir una flota” sino que se presentaban en forma de confusos enigmas. Pondré dos ejemplos: la consulta de Creso y la consulta de los Griegos ante las Guerras Médicas.
Creso (560 -546 a dC) fue el último rey de Lidia. Se cuenta (en Heródoto: Historia Libro 1, capítulo 53 y en Cicerón: Sobre la adivinación libro 11, cap. 58) de él que en una ocasión envió una consulta al oráculo pues se estaba preparando para invadir el territorio persa y quería saber si el momento era propicio. El oráculo fue así: "Si cruzas el río Halys (que hace frontera entre Lidia y Persia), destruirás un gran imperio". La respuesta se interpretó como favorable y dando por hecho que el gran imperio era el de los persas. Pero el “gran imperio” que se destruyó en aquel encuentro fue el suyo, y Lidia pasó a poder de los persas.1
A la vez cuenta Heródoto que cuando los griegos preguntaron cómo podían librarse de la amenaza persa el oráculo respondió: “Con un muro de madera”. Algunos atenienses cuando los persas conquistaron la ciudad permanecieron en la Acrópolis defendiéndose con un muro de tablones... fueron masacrados. Tras terminar la Guerra con Persia los griegos comprendieron que el “muro de madera” era la construcción de una flota de guerra que les permitiera rapidez de movimientos en la guerra; gracias a ella ganaron la guerra contra Persia.
Vemos que la sabiduría del oráculo tenía como origen la “manía” de la pitonisa o como dice tan bellamente Colli “La locura es la matriz de la sabiduría” (op. cit. capítulo I ). Por otro lado la sabiduría del Oráculo es una sabiduría caleidoscópica, insondable, carente de designio, insensata y arrogante. Recuerda, de alguna manera, a los aparentes desvaríos que obtiene el consultante del I Ching. La sabiduría no se presenta como sistema, ni siquiera se presenta como referencia a una realidad “más allá” o “más acá”; es casi un balbuceo ininteligible... La sabiduría griega, dice Colli, se presenta fundamentalmente como enigma que refleja lo insondable.
Hasta aquí la exposición que hace Colli del concepto de sabiduría que tenían los griegos; para observar que relación tiene la filosofía con la sabiduría tenemos que pasar por algunos puntos intermedios. El primero es el surgimiento histórico de la dialéctica que para Colli supone el inicio de la razón. Cuando escuchamos hablar de dialéctica rápidamente pensamos en Hegel o incluso en Platón y su método para ascender por la escalera de las ideas... la dialéctica en sus orígenes era, sin embargo, algo totalmente distinto. La dialéctica en sus orígenes era un juego agónico entre dos contendientes, es decir, una competición entre dos sujetos que se enfrentaban con la palabra. La mayéutica socrática nos recuerda algo a esto. Uno de los contendientes se propone demostrar a otro que una opinión que sostiene es falsa. Una vez uno de los contendientes había sostenido alguna afirmación el otro, el dialéctico, se enfrascaba en una lucha verbal contra él para mostrarle que esa afirmación era algo falso e ilusorio. Esto se conseguía a través de preguntas cortas, aparentemente, en ocasiones, sin relación con la cuestión; finalmente el dialéctico lograba hacer caer a su adversario en alguna contradicción que mostraba que su afirmación inicial era autocontradictoria. La dialéctica parte de un extremo del enigma para llegar al otro; su fin no es afirmar sino contradecir. La dialéctica, en sus inicios, era un juego de competición, como un pulso de palabras, y su finalidad básica era destructiva. Aún estaba relacionada con ese fondo insondable al que se refiere y no se refiere la sabiduría en el sentido de que la dialéctica suspende el juicio sobre la realidad y muestra la vacuidad del universo de las palabras. Nos aleja del proceso de sacar conclusiones y destruye el suelo de los conceptos en donde asentamos nuestra vida. La dialéctica muestra la cara negativa y destructiva de la sabiduría. Los caminos del Ser y del No-Ser en el poema de Parménides y las paradojas de Zenón serían, a ojos de nuestro autor, hijos de esta disciplina de la dialéctica.
El tercer eléata fue Gorgias, el autor de “Sobre la Naturaleza o sobre el No-Ser”, obra eminentemente dialéctica en donde sostenía sus tres fundamentos: “ El primero, que nada existe; el segundo, que, aunque algo exista, es incognoscible; y tercero, que, aunque sea cognoscible, no es comunicable con el lenguaje”. Pero con Gorgias también empieza la retórica, heredera de la dialéctica pero con grandes diferencias. En primer lugar la retórica no busca destruir la ilusión de una afirmación sino que lo que busca es precisamente construir una teoría que seduzca a un gran auditorio. Ya no tiene ni el carácter eminentemente agónico de la dialéctica ni el carácter destructivo. En segundo lugar la retórica ya no es sólo un juego, una lucha lúdica entre dos contendientes; la retórica al buscar el convencimiento busca el poder que la seducción de la palabra ofrece. La retórica parte del aparente escepticismo destructivo de la dialéctica pero se aleja de ese fondo insondable que es evocado por el enigma y entra de lleno en la arena pública, en el ágora o en la Asamblea; en definitiva en el anhelo de poder. Aún así la retórica sigue siendo expresión hablada y por lo tanto viva; al mismo tiempo ella misma comprende la parcialidad de las teorías que enuncia e inventa técnicas para seducir y convencer en ningún caso para hallar “lo verdadero”.
Este último paso lo dará la filosofía con Platón. La filosofía sigue queriendo convencer, sigue teniendo esa “voluntad de poder” que tiene la retórica. La filosofía es una retórica que se ha tomado en serio a sí misma y este “tomarse en serio” se ha producido por el uso de la escritura. Efectivamente, la escritura antes de finales del siglo V a.C era raramente usada (Sócrates no escribió nada) y cuando se usaba se usaba antes como un útil nemotécnico que con una intención científica. En el siglo V a.C la escritura empezó a popularizarse y los discursos a leerse tal como habían sido redactados. La filosofía tal y como la conocemos es fruto de la escritura; es, de hecho, retórica escrita. Este rasgo hace que la filosofía dé un paso más que la aleja de la vida, de la sabiduría y del enigma.
Platón, en muchos sentidos el primer filósofo, ya reconocía esto. El filósofo se contrapone al sabio. El sabio (sophos en griego) es aquel que ha alcanzado la sabiduría el filósofo (filos = amigo y sophia = sabiduría) es aquel que desea alcanzarla, que se halla en el camino hacia ella pero que sin embargo no la ha alcanzado. En los escritos de Platón se trasluce la nostalgia de los tiempos de Heráclito o Empédocles, el tiempo de la sabiduría perdida... El filósofo en la literatura platónica no es más que un aspirante a sabio, un sabio frustrado e impotente. En buena medida ya Platón percibió la lejanía que la palabra había establecido entre nosotros y el enigma; si la locura fue la matriz de la sabiduría la cordura, la racionalidad y la medida de la filosofía fueron lo que nos exilió de la época de los sabios y nos trasportaron al tiempo de los burócratas de las palabras. Terminamos con los compases finales del libro que de Giorgio Colli que hemos comentado:
“Pero lo que nos interesa sugerir es que lo que precede a la filosofía, el tronco para el que la tradición usa el nombre de “sabiduría” y del que sale ese vástago pronto atrofiado, es para nosotros, remotísimos descendientes –de acuerdo con una inversión paradójica de los tiempos- más vital que la propia filosofía”.
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Escrito por FulgencioRobledero
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Jueves, 25 de Diciembre de 2008 10:19 |
LA UNIVERSIDAD DE PARÍS: El interés de los reyes de Francia por acrecentar su prestigio y el de la Iglesia por tener un nuevo medio para propagar su doctrina dieron forma a la Universidad de París del siglo XIII. Este mundo universitario se verá convulsionado por la recepción de Aristóteles a través de Averroes que supone el redescubrimiento de un autor intelectualmente muy fértil aunque algunas sus doctrinas, como la eternidad del mundo o la idea de Dios como agente motor del universo despreocupado del cosmos, chocasen con la doctrina católica. La facultad de teología de la universidad de París en el XIII estuvo mayoritariamente dominada por profesores, como Giovanni Fidenza (san Buenaventura), adeptos al agustinismo, movimiento filosófico que consideraba que el hombre no puede conocer nada si no es “iluminado” por Dios. Esta teoría del conocimiento platónica fue hegemónica en la universidad de París y se oponía al nuevo aristotelismo. Frente este agustinismo reinante en la facultad de teología se erige el maestro directo de Tomás de Aquino, Alberto de Colonia (1200?-1280), como defensor de la capacidad de la razón natural del hombre. Con este autor comienza la reivindicación occidental de un lugar propio para la razón ya que él es el primero que delimita estrictamente los ámbitos de la especulación racional y de la religión. La razón no es capaz de adquirir conocimiento por sí misma de misterios como la Trinidad o la Resurrección, esto pertenece a un orden de verdad más elevado; sin embargo, el conocimiento de la naturaleza sí compete a la razón del hombre y es un ámbito suficientemente amplio. En el conocimiento del mundo físico Alberto reconoce la autoridad de Aristóteles cuando no entre en conflicto con la religión. Aunque Alberto de Colonia restringe el ámbito de la razón y la supedita a la fe por otro lado, admite un ámbito propio a la razón que la religión no debe ambicionar. De Aquino integrará la separación que hizo su maestro entre la fe y la razón en su sistema. Mientras que en la facultad de teología de París el agustinismo y el tomismo luchaban por conciliar fe y razón en la facultad de artes, donde se estudiaba física además de otras materias como lógica, surgió el averroísmo latino que de la mano de Averroes (1126-1198) y Aristóteles propuso una ruptura radical entre fe y razón. El filósofo árabe-cordobés había sostenido que el Corán tiene tres niveles de comprensión: el más simple habla con símbolos, exhortaciones o metáforas y corresponde a la fe y la religión, es el nivel de los hombres sencillos; el segundo nivel habla con argumentos, pertenece a la teología; por último, la interpretación más oculta es la filosófica que comprende el texto sagrado a través de demostraciones. Las lecturas del hombre sencillo, del teólogo y del filósofo son igualmente válidas pero la más alta y profunda es la del filósofo. No obstante Averroes no aclara qué pasa si doctrinas contradictorias son mantenidas por la razón y la fe simultáneamente: ¿cuál de ellas es verdadera? Siger de Brabante (1240?-1284?) como maestro de física consideraba que Aristóteles y su comentador árabe Averroes eran la voz de la razón. Sin embargo, las conclusiones de estos autores chocaban con frecuencia con la fe y la contradecían abiertamente; cuando este conflicto tenía lugar Siger tras mostrar las conclusiones a las que llegaba necesariamente la razón se adhería por fe a la verdad que Dios había revelado. Para Siger existía por lo tanto un conflicto irreconciliable entre la fe y la razón ya que cada una con sus propios medios llegaba a conclusiones contrarias. Las ideas de Siger y los demás averroístas fueron condenadas en 1270 porque muchos veían en sus ideas sobre la separación fe y razón un subterfugio para hacer afirmaciones contrarias a la religión sin incurrir en condena religiosa. Sea como sea Tomás de Aquino luchó contra estas filosofías ya que consideraba imposible que dos dones de Dios como la fe y la razón se contradijeran entre sí.
LA UNIVERSIDAD DE OXFORD: Mientras que en la Universidad de París imperaba la vertiente más metafísica y lógica del aristotelismo los maestros de Oxford se interesaron por la faceta más empirista de Aristóteles. Este interés por los hechos observables y por las matemáticas contribuyó enormemente a que fuera en el ámbito anglosajón donde naciera la ciencia moderna con autores como Guillermo de Occam (s. XIV) o Isaac Newton (s. XVII). En este contexto surge Roger Bacon (1214-1294), padre del método científico, que considerará que sólo hay una sabiduría que es la revelada por Dios por lo que la verdadera filosofía es revelación como pensaban también los agustinistas. Bacon es crítico con la filosofía de su época a la que ve trabada por la superstición de la autoridad y por el desprecio al estudio de las matemáticas y a los datos de la experiencia. Mientras, dirá Bacon, que los maestros de París discutían sentencias de Aristóteles o las Sagradas Escrituras sin saber griego ni hebreo y disputaban sobre cuestiones fútiles despreciaban el conocimiento de la ciencia experimental que aúna experiencia y matemáticas y que engendra verdadera certeza y permite escudriñar los misterios de la naturaleza para obtener de ella efectos prodigiosos y útiles. Tomás de Aquino delimitó con mayor rigor los ámbitos de la fe y de la razón que Bacon pero siguió mostrando el típico desprecio escolástico hacia la experiencia y las matemáticas; de alguna manera la confluencia del interés de Bacon por la ciencia experimental con la delimitación fe-razón que se produjo en el XIII de manos de Tomás de Aquino y los averroístas abrió el camino para el surgimiento de la ciencia moderna y de la separación, tan occidental, entre Iglesia y Estado.
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Última actualización el Jueves, 25 de Diciembre de 2008 10:52 |
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