Otro curso académico finaliza y seguimos con este blog cansineando el ciberespacio con filosofadas. Como todos los años me despido hasta septiembre, el próximo año iniciaré una serie de artículos de historia de filosofía ya que me estreno como profesor de historia de filosofía en 2º de Bachillerato con una nueva legislación educativa.
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No consumo ni prensa ni medios de comunicación oficiales. Antes, en la sobremesa, por costumbre veía las noticias, pero la sensación de ser tratado como un autentico gilipollas por los redactores de los telediarios y el mal genio asociado a esta sensación me convencieron de la idoneidad de abandonar ese feo vicio. No creo hacer una gran revelación si digo que el nivel de manipulación de los medios de propaganda del estado es vomitivo. Se tergiversa la verdad, se acentúa lo banal y se marcan, bien a las claras, la arbitraria línea que separa a los “buenos” de los “malos”. No me voy a detener en esta obviedad, otros antes y mejor que yo lo han explicado. Viendo el nivel de control que a través de los medios convencionales se intenta ejercer sobre la población, probé con ver medios de comunicación alternativos como Rebelión, Alasbarricadas o Diagonal. Del último periódico soy suscriptor y lo seguiré siendo durante mucho tiempo, espero, pero no puedo dejar de notar que tales medios “alternativos” pecan de lo mismo que los medios oficiosos: una parcialidad ideológica muy acusada en su análisis de la realidad. Todo el mundo se da cuenta que los medios de comunicación contestatarios están politizados por la sencilla razón de que están politizados de manera minoritaria, es decir, la ideología que sesga su análisis de la realidad no es la capitalista. Los medios oficiales pasan por más o menos objetivos porque ellos mismos han construido la objetividad informativa desde hace años. Mi pregunta es si no sería posible, más allá de cualquier sesgo ideológico, presentar noticias con objetividad. Evidentemente no soy tan ingenuo para pensar que eso es posible así sin más; el simple hecho de dar una noticia y no otra, viene marcado por un sesgo ideológico. Por ejemplo, ¿por qué es noticia que un musulmán mate a su hija, a la que considera una adúltera, en Alemania y no es noticia que un padre mate a sus hijos pequeños en Alemania por despecho? Dejo al lector de este post concluir la razón por la que el primer hecho genera noticia y el segundo no. Por lo tanto, la objetividad no es posible en términos absolutos, pero nadie me negará que es posible un mayor o menor grado de objetividad en la información que se trasmite. Creo que los medios oficiales pecan de una grabe falta de objetividad, pero los medios contestatarios no pueden tampoco evitar dejar de ser eso, meras réplicas, contestaciones a la verdad oficial, y, por tanto, tan parciales como ella. Ya me he declarado partidario de Internet en muchos otros asuntos, en este de la politización de los medios, tanto oficiales como contraoficiales, creo, también que la red puede ser un instrumento para encontrar un mayor grado de contraste y objetividad en la información que consumimos. La pluralidad de medio y el papel activo del internauta, frente a la pasividad del tele-espectador, me permiten tener esperanza en un nuevo modo de relacionarnos con la información. ¿Augurará esto el surgimiento de una clase social privilegiada con acceso a información plural frente a la gran masa alienada delante de los obsoletos televisores? ¿Las zarpas del estado, que tan codiciosamente hurgan desde hace tiempo el corazón de la red, podrán romper esta nueva forma de consumir y construir socialmente la noticia? Sin duda, nubes oscuras agitan los aires del futuro, por tanto, la defensa de ese futuro sin el férreo monopolio de la información que ahora ejercen los estados, es labor cotidiana de todos los internautas y ciudadanos. Solo espero que ganemos esta lucha.
Ya escribí un artículo amplio sobre la paradoja del mentiroso y sus diferentes formas, pero hoy me gustaría presentar este dilema lógico de modo más resumido. La frase “esta frase es mentira” tiene una peculiaridad que muy pocas frases de nuestro lenguaje tienen: no puede ser ni verdadera ni falsa. La afirmación “Dios existe” puede ser verdadera o falsa, aunque algunos consideren que no se puede demostrar tal afirmación aceptaremos como factible, en mayor o menor medida, tanto que Dios exista como que Dios no exista. Sin embargo, la frase "esta frase es mentira" carece por sí misma de valor de verdad, ya que si fuera verdadera, por lo que ella misma enuncia sería falsa, lo que nos haría incurrir en contradicción. Por otro lado, si fuera falsa, enuncia que es falsa, lo que es cierto, lo que hace a la oración verdadera, que nos hace caer, de nuevo en una contradicción. Otra formulación de este tipo de paradoja es la conocida como “paradoja de Russell” o “del barbero”. Se enuncia así: “Si en un pueblo el barbero afeita a todos los hombres no que se afeitan a sí mismos ¿quién afeita al barbero?” Para mi, como moraleja filosófica que saco de estas paradojas es el carácter irreductible que tiene la realidad ante el lenguaje. El lenguaje se muestra como un instrumento para captar lo real y como tal herramienta no se puede usar contra sí mismo. Atrapados en nuestro universo de palabras, negamos a la realidad vida más allá de los barrotes de nuestra cárcel, y cuando la realidad no se atiene a las fronteras que nosotros arbitrariamente le marcamos, nos echamos las manos a la cabeza. Palabras son solo palabras, deberíamos recordad más a menudo.
“Moon” la opera prima de Duncan Jones y ganadora del premio a la mejor película independiente británica del 2009, pasará a convertirse con el paso de los años en un film de culto. Aunque no tenga la radical originalidad de Blade Runner o 2001, esta película de ciencia ficción además de conmovernos logra plantearnos cuestiones radicales sobre la identidad humana, lejos de los efectismos y de los guiones huecos a que nos tiene acostumbrado la ciencia ficción al uso.
Sam Bell es el único minero destinado en un área de extracción de la Luna durante tres años, con la única ayuda de la inteligencia artificial de GERTY, que no puede más que recordarnos al HAL 9000 de “2001. Una odisea en el espacio”, aunque con un toque más humano. Sam evita la soledad diseñando una maqueta de un pueblo, conversando con GERTY y viendo los vídeos enviados por su familia; muy raramente está ocupado en las tareas de mantenimiento del puesto minero.
La película empieza a las pocas semanas de que Sam Bell acabe su misión y pueda volver a la tierra a reencontrarse con su esposa. Sin embargo, las cosas se complican en esas últimas dos semanas: Sam Bell sufre alucinaciones y tiene un accidente en el exterior del que es rescatado por la persona más insospechada.
La sorpresa que a la media hora de película nos espera hace que la visionemos con un interés cada vez mayor. ¿Ocurre realmente lo que Sam Bell está viendo o es un mera alucinación? ¿Puede una máquina sentir compasión por un humano? Si somos lo que recordamos que somos y no podemos estar seguros de nuestros recuerdos ¿quienes somos realmente? Estas y otras preguntas se plantean al ver la película y, sin embargo, lo mejor de ella es que el espectador queda atrapado y conmovido por el trágico destino de Sam Bell hasta el final de su desdichada estancia en la Luna.
Aunque podría parecer que el tema de un minero encerrado en la Luna no da para el desarrollo de un guión de hora y media, Duncan Jones nos muestra lo equivocado de nuestros prejuicios, la película no se hace lenta en ningún momento y cada secuencia tiene un sentido en el desarrollo global de la trama.
Las referencias a películas como Blade Runner son inevitables pero, aún siendo esas referencias innegables, creo que “Moon” tiene entidad y genialidad propios. Como ya dije, esta película correrá un fin trágico, perderse en la inmensa marea de basura cinematográfica que inunda las pantallas para el gran público y convertirse en una joya literaria, una obra de culto para cinéfilos en general y amantes de la ciencia ficción en particular.
Abrázame hasta embriagarme de amor, bésame hasta dejarme en coma; abrázame, amor, arrímate a mí; el amor es tan bueno como el soma
Aldous Huxley; Un mundo feliz; capítulo IX.
En la obra distópica de Aldous Huxley “Un mundo feliz” el soma es una droga de uso cotidiano en la sociedad retratada por el autor anarquista inglés. No tiene efectos secundarios y no solo es legal, sino que el mismo orden social potencia el consumo de esta sustancia. El soma se puede tomar en tabletas de gramos (de medio gramo, gramo, tres gramos...) y suele estar mezclada con algunos alimentos. Sus efectos son una felicidad y placidez infinitos y el olvido absoluto de cualquier sentimiento melancólico o de frustración; por algunos indicios de la novela podemos intuir que la droga potencia también la agudeza de los sentidos, por ejemplo los personajes toman soma para acentuar las sensaciones que experimentan en el sensorama. Aunque, irónicamente, Huxley se convertiría en uno de los pioneros del uso de sustancias psicoactivas en occidente y autor del libro “Las puertas de la percepción”, obra de referencia para el movimiento psicodélico y que inspiró el nombre del grupo “The Doors”, en la obra “Un mundo feliz” el uso del soma se presenta como algo negativo, como una huida de la realidad del hombre. La frustración y el dolor, parece querer decirnos Huxley, forman parte de la naturaleza humana, renunciar a ello, es renunciar a lo que somos. Aunque desde hace tiempo me he declarado defensor de la experimentación con drogas, en general, y con sustancias psicoactivas, en particular, he de reconocer que el análisis de Huxley y su crítica a la descontextualización de sustancias enteógenas es acertado. Más allá de que la opción personal de cada cual sea no drogarse, drogarse siempre o drogarse a veces, y como opción personal todas me merezcan el mismo respeto; más allá de eso, digo, considero que la banalización del consumo de sustancias visionarias desvirtúa su uso, su efecto y sus potencialidades como expandidoras de conciencia. En las culturas neolíticas la sustancia psicoactiva era consumida en el contexto del ritual y no como un mero divertimento diario, este uso de las drogas me parece el más sensato y más enriquecedor y por ello coincido con Huxley. Las sustancias enteógenas pueden ser una puerta a otro mundo pero también pueden ser una escusa para el embrutecimiento. Como curiosidad decir que el soma existió en realidad, era una sustancia extraída de una planta no identificada y que se utilizaba en las celebraciones védicas en la India. No se sabe con exactitud sus efectos pero por el contexto de uso de la palabra parece que podemos inferir con cierta seguridad que era una droga visionaria. Una de las hipótesis es que el soma fuese marihuana índica, a mi me parece una hipótesis atractiva y conociendo las intensas experiencias místicas que provoca la ingesta oral de marihuana me parece una hipótesis más que plausible.
¿Por qué deberíamos correr en busca de un sucedáneo para los deseos juveniles, si los deseos juveniles nunca cejan? ¿Para qué un sucedáneo para las diversiones, si seguimos gozando de las viejas tonterías hasta el último momento? ¿Qué necesidad tenemos de reposo cuando nuestras mentes y nuestros cuerpos siguen deleitándose en la actividad? ¿Qué consuelo necesitamos, puesto que tenemos soma? ¿Para qué buscar algo inamovible, si ya tenemos el orden social?
Siempre me resultará curioso como se pervierten las palabras en la arena pública. El adjetivo escéptico se aplica en filosofía y en el lenguaje habitual a aquella persona o escuela de pensamiento que niega que exista la posibilidad de alcanzar un conocimiento cierto e indudable; sin embargo, un feroz dogmatismo, el dogmatismo cientificista, se ha adueñado de la palabra escéptico para calificarse a sí mismo. “Grupo escéptico”, “periodista escéptico” (expresión que debería ser una redundancia, por cierto) o “congreso escéptico” son expresiones que cada vez con más frecuencia se leen por Internet. ¿Quienes son estos autoproclamados escépticos? Son gente de extracción intelectual y profesional diversa que defienden a ultranza su fe en la ciencia y en lo que ellos llaman razón, mientras que, al mismo tiempo, atacan a los frikis perseguidores de OVNIS, conspiranoicos y engañabobos diversos. ¿Desde cuando atacar al tonto del pueblo se ha convertido en un acto de defensa de la razón?
Evidentemente, no se puede ser escéptico y a la vez mantener un claro dogmatismo sobre la validez de la ciencia como modo de acceder a la realidad. O una cosa u otra. Diferente sería el caso si estas personas se declarasen “escépticos sobre los fenómenos no contrastados científicamente”, así el término escéptico estaría bien usado; pero no se puede intelectualmente compaginar el escepticismo con una fe inquebrantable en el conocimiento científico. Porque la primera pregunta que cabe hacerles a estos pseudoescépticos es ¿son escépticos también con respecto al corpus científico o solo circunscriben su escepticismo, muy lógico desde luego, a las cloacas de lo irracional de Cuarto Milenio, Año Cero, Más Allá, etc. Yo soy escéptico en algunas cosas y en otras no. Soy muy escéptico con lo vulgarmente llamado “paranormal”, aunque hay testimonios numerosos que corroboran sucesos que no son explicables por nuestras teorías al uso sobre la realidad, pienso que es necesario ser prudente frente a lo excepcional. Sin embargo, y en esto me diferencio de los escépticos cientificistas, soy igualmente escéptico con las noticias de la televisión, la ciencia como conocimiento cerrado o la interpretación ortodoxa de la historia, ¿por qué el escepticismo debe estar circunscrito a lo que los adalides de la ciencia y de la razón (la de ellos, por supuesto) consideran falso?
Un ejemplo de hasta donde llega el dogmatismo de estos sujetos es su interés en que se clausuren conferencias en universidades que presentan una visión de la realidad diferente a la científicamente admitida. Por ejemplo, cuando los creacionistas intentan meter sus hociquillos dentro del mundo universitario para dar credibilidad a sus delirios, estos pseudoescépticos, en tropel, se abalanzan sobre la universidad y los coordinadores para intentar que la charla no se celebre. Dirán lo que quieran pero eso es un acto de censura manifiesto. Cuando alguien le niega el derecho a la palabra a alguien porque cree que lo que dice no tiene valor o no debe decirse en determinado contexto, eso es censura, desde siempre. Mi posición personal es que el creacionismo es una teoría interpretativa sobre el pasado y el desarrollo de la vida en la tierra de validez dudosa sino nula; sin embargo, ¿qué es la teoría de la evolución de Darwin? Dirán que esta teoría está contrastada ¿qué teoría no está contrastada? ¿podemos observar directamente los fenómenos evolutivos? ¿acaso el registro fósil no es sumamente interpretable como demuestra el hecho de que continuamente surgen nuevas hipótesis sobre la evolución del ser humano? Creacionismo y teoría evolutiva me parecen dos modos de interpretar un hecho que no podemos contrastar, ahora bien, si lo que se pretende es dar una educación científica a los jóvenes, debe explicárseles la teoría evolutiva neodarwinista (yo lo hago en mis clases de filosofía) pero subrayando el carácter siempre provisional (a Popper me remito) del conocimiento científico. ¿Qué problema hay entonces a que alguien exponga sus argumentos creacionistas? ¿Corromperán a la juventud? ¿Debemos salvar a la muchachada de la intransigencia religiosa-creacionista con otra intransigencia y a través de la censura?
El último objetivo del que me enterado que perseguían estos pseudoescépticos fue una charla que sostiene una visión diferente a la oficial sobre el 11 de septiembre. Bien. Es cierto que en ello puede haber mucho de conspiranoia, es cierto que pueden estar equivocados, es cierto que abusan de la ignorancia de la gente para sostener sus razones... pero ¿no es lo mismo que hace la versión oficial de este acontecimiento? ¿Debemos creer a Bush sobre toda las cosas cuando esos ataques beneficiaron tanto su política imperialista que aún hoy se sufre en Irak o Afganistán? Y, sobre todo, ¿qué tiene que ver la defensa de la ciencia con el ataque a la libertad de expresión? Y que no me vengan con “fuera de la universidad pueden decir lo que quieran” que suena tanto a decir “fuera de este país puedes pensar como quieras, pero dentro te tienes que atener a los parámetros dictados”.
En fin, muchos hablan de la ciencia como una religión. Aunque creo que ese análisis es muy matizable lo que sí tengo claro es que si la ciencia fuera una religión tendría una buena cantera para formar la nueva Inquisición.
Ya Schopenhauer en un interesante librillo titulado “Sobre la Filosofía de Universidad” advertía del peligro que ocasionaba a la filosofía el hecho de haberse convertido en funcionaria: el conocimiento filosófico solo nace en libertad, y en el momento en el que los poderes del estado sufragan una filosofía, ella tendrá que responder, no solo ante la verdad, sino también ante sus mecenas. De este modo veía Schopenhauer como la filosofía de su tiempo había degenerado en un parloteo vacío de sentido, totalmente carente del amor a la verdad. El alemán no era lo que podríamos considerar hoy un “subversivo”, más bien lo consideraríamos un autor políticamente reaccionario, sin embargo, a sus ojos quedaba claro que la relación entre el poder político y la filosofía debía ser distante, si no queríamos ver el amor a la sabiduría envilecido por el oro del poder. El diagnóstico de Schopenhauer, es un hecho constatado, es aplicable en la actualidad, solo que el actual estado de la filosofía es mucho más ancilar que en los tiempos que escribió nuestro filósofo. Hoy no solo el cargo público de filósofo lo otorga la Universidad, sino que muchos de aquellos que salen de las facultades de filosofía encuentran trabajo bajo las alas del estado en la docencia pública. Las publicaciones y las conferencias, en donde estos nuevos platones y nietzsches se expresan, solo son financiadas por el estado o por empresas poderosas. ¿Qué nueva idea libre puede nacer entre esa inmundicia? No me voy a detener a mostrar lo evidente, la subvención mató a la filosofía o, mejor dicho, la subvención convirtió a la filosofía oficial en un mono amaestrado, y el verdadero fuego que alimenta la búsqueda de la verdad ha tenido que refugiarse en los márgenes de lo socialmente admitido como válido, en los márgenes de lo subvencionable. Así están las cosas en la filosofía, lo que no me había percatado hasta ahora, es que con el fortalecimiento de la estructura del estado en occidente que se ha venido llamando “el estado del bienestar”, la subvención ha hecho estragos también en el mundo del arte. Mientras hace poco el artista era un marginado social que luchaba contra la miseria para que sus obras fueran publicadas, hoy cierto número de artistas lo son solo en tanto que están sufragados por los fondos públicos que el estado esquilma a los ciudadanos. Lógicamente, este vasallaje del arte crea visiones tan esperpénticas como la “banda de la ceja” que los lectores españoles de este blog no habrán olvidado para vergüenza propia y ajena. Efectivamente, en el mundo cinematográfico español y europeo, usaré el cine como ejemplo emblemático y porque es en este modo de arte en donde la ideología subvencionista ha hecho mayores estragos, una ristra de “creadores” fuertemente sesgados ideológicamente obtienen sí o sí fondos para sus películas que nadie va a ver a la sala. Otras creaciones cinematográficas, no tan condescendientes con el status quo o, simplemente, que no son obra de los adeptos al poder se quedan en el tintero y se pierden en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Y no estoy diciendo que todo arte subvencionado sea malo, pero sí que cuando el artista está ya consagrado por el poder se aposenta en su cómoda situación y pierde el ímpetu creativo, pero no el favor de los poderosos. La necesidad, nos guste o no, ha sido desde siempre el acicate del creador. No estoy diciendo que volvamos a los tiempos de los artistas muertos de hambre, estoy diciendo que el modo en como el estado pretende controlar las representaciones cinematográficas recuerda a como la Iglesia, en otro tiempo, pretendía controlar el arte pictórico, no solo a través de la persecución, sino también, con su mecenazgo. Sistemas habrá para que el cine siga vivo y toda creación valiosa tenga posibilidad de ver la luz, es imaginable que llegue el día en el que el artista, teniendo como estímulo el deseo de ser conocido y de crear, se libere de las cadenas y los dictados de los que reparten el oro del poder. Soy optimista. Internet ha hecho mucho para que este paso pueda darse, y aunque aún queda por hacer para que los nuevos creadores reciban, de un modo u otro, su justa recompensa material por su trabajo, donaciones, publicidad, etc. parecen sistemas efectivos para este propósito. Dos series de Internet, “Malviviendo” y “Eso es así”, me inspiraron este artículo. Es triste que estos creadores tengan que pagar de sus bolsillos sus obras y que cineastas y músicos famosos, de una mediocridad y sosez reconocida, vivan a lo grande a consta del erario público. Las dos series de las que antes hablaba, hechas ambas en Sevilla, por cierto, son Malviviendo y Eso es así de Mundoficción. Por si no las has visto aquí te dejo un vídeo de cada una de ellas, espero que las disfrutes.